
He estado pensando en… el largo camino hacia la libertad
Por Padre Palberto Reyes (Especial para El Vigía de Cuba)
Esmeralda, Camagüey.- Hay momentos en los que se hace difícil mantener la esperanza, momentos en los que parece que el mal domina el presente y controla el futuro.
Da la impresión de que hemos caído en un agujero infinito y eterno. Vivimos en un país colapsado, con una economía estancada y apagones eternos que contagian la falta de energía al alma, un país donde nada progresa, nada florece, y la gente se consume esperando una solución que no llega.
Nos movemos entre la esperanza de un cambio forzado y la duda de si realmente alguien nos ayudará a salir de este pantano.
Parece que no pasa nada, parece que estamos condenados, pero no podemos olvidar que no hay yugo eterno ni opresión inquebrantable, y que sea por la vía que sea, la libertad busca siempre el camino del cambio.
Decía George Orwell: “Todas la tiranías gobiernan mediante el fraude y la fuerza, pero una vez que el fraude queda expuesto, tienen que apoyarse exclusivamente en la fuerza”.
Y sólo por el uso de la fuerza, de la represión y del miedo puede permanecer en pie nuestra dictadura, porque el fraude ha quedado expuesto, la mentira de una Revolución “del pueblo y para el pueblo” ya no se sostiene. Ahora sabemos que la Revolución sólo vino para someter a este pueblo, para crear una isla de esclavos en favor de una élite a la que no le importamos.
No olvidemos las lecciones de la historia
Por eso, tarde o temprano, esta dictadura caerá. El estancamiento en que vivimos alarga la agonía de nuestro pueblo, pero a la vez alimenta el ansia imperecedera de libertad, el ansia que hace que cada uno, desde su sitio, siga luchando, siga apostando por el fin de esta maldad que se hace indiferente a la vida miserable y precaria de nuestro pueblo, porque sabemos que la libertad es la única patria posible.

No olvidemos las lecciones de la historia. Hitler parecía imbatible, el comunismo en Europa del este se autoproclamaba eterno, el apartheid parecía que iba a sobrevivir a Nelson Mandela. Trujillo, Strossner, Noriega, Somoza, Duvalier… todos parecían inamovibles, todos llegaron a creer que el sistema que habían construido viviría para siempre, pero hoy todos ellos son historia, y pertenecen a un pasado que habla de derrota, de rechazo popular, de pesadilla terminada.
Una autoridad puede someter, pero eso no significa que ha triunfado. Cuando la ilusión muere en el corazón de un pueblo, cuando lo que un día fue triunfo se vuelve sometimiento, ese pueblo podrá fingir
obediencia, podrá cuidarse para sobrevivir, pero para el opresor ya no habrá un futuro, y eso, todos lo sabemos.
Por eso, en este momento, el silencio no es una opción, el quedarnos sentados sin hacer nada esperando que otros tomen las iniciativas, no es una opción. Hemos aguantado demasiado, y no tiene sentido seguir muriendo mientras gritamos consignas.






