El límite de la paciencia: cuando Cuba protesta a plena luz del día

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Por Eduardo Díaz Delgado ()

Madrid.- La cosa en Cuba está cogiendo un color cada vez más feo. Ya no es solo el apagón. Es el agotamiento. La gente lleva días durmiendo mal, cocinando cuando aparece la corriente como si fuera una operación militar, sudando, echando a perder comida y viviendo con la ansiedad pegada al pecho.

Y aunque hace un par de días empezaron las protestas nocturnas, mucha gente llevaba tiempo aguantando. Esperando. Con esa idea flotando de que «algo» podía pasar relacionado con Estados Unidos y la presión internacional.

Pero la paciencia tiene un límite. Y parece que ese límite llegó (https://www.facebook.com/watch/?v=1659764898607424).

Hoy se están viendo cacerolazos y protestas a plena luz del día en San Miguel del Padrón y también en Nuevo Vedado. Ya la gente ni espera a la noche. Y eso cambia el escenario completo, porque una protesta de día tiene otro simbolismo: es perderle el miedo delante de todo el mundo.

Ahora el gobierno está metido en una encrucijada peligrosa. Porque si mandan a reprimir duro, a golpear gente y llenar patrullas cuando todos los ojos están puestos sobre Cuba, mañana internet entero va a estar diciendo que Díaz-Canel ha «Madurado».

Pero si dejan que la gente siga saliendo, que las protestas se rieguen por toda Cuba por miedo al costo internacional de la represión, entonces ahí es donde empieza el otro fantasma: el de Díaz-Ceaucescu. Y todo el mundo entiende la referencia. Si no, googlea Rumanía 1989…

Porque la sensación ahora mismo en la calle no es de simple molestia. Es saturación.

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