
La trinchera del castrismo
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- El régimen de La Habana va a resistir hasta su último aliento, y lo hará porque sencillamente no tiene otra alternativa. Después de 67 años de abusos, opresión, muertes, desapariciones y prisión, resulta imposible pensar que todo eso pueda borrarse con la firma de un documento o mediante diálogos y negociaciones. Los crímenes cometidos contra el pueblo cubano pesan demasiado, y quienes los ejecutaron saben que tarde o temprano alguien exigirá responsabilidades.
Ahí radica el verdadero problema para el castrismo: ¿quién puede garantizarles que, una vez pierdan el poder y abandonen el país con sus riquezas, nadie los perseguirá ni buscará justicia? El mayor peligro para una tiranía no es la presión externa, sino la pérdida del poder. Es en ese momento cuando reaparecen todos los muertos olvidados, cuando las víctimas recuperan la voz y los sobrevivientes reclaman justicia.
La historia está llena de ejemplos semejantes, y los dirigentes cubanos lo saben perfectamente. Por eso se aferran al poder con desesperación y no quieren convertirse en otro capítulo más de esa larga lista de regímenes caídos que terminaron enfrentando las consecuencias de sus actos. Esa es la razón por la cual resistirán, aunque el costo humano sea devastador y aunque una gran parte de la población tenga que sufrir las consecuencias de su atrincheramiento político.
No pueden claudicar porque, desde su propia lógica, sienten que en ello les va la vida. Y probablemente cualquiera que tuviera las manos manchadas por décadas de represión actuaría del mismo modo para intentar evitar rendir cuentas ante la historia.
Al castrismo hay que hacerle como al macao, de otra manera no salen, porque dentro de la concha, están sus vidas.






