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Por Luis Alberto Ramírez ()

MIami.- El padre de Xi Jinping fue un alto funcionario chino durante la época de Mao Zedong. Sin embargo, terminó destituido, humillado y enviado a prisión acusado de corrupción y desviaciones políticas. Toda su familia sufrió las consecuencias, incluyendo al propio Xi Jinping, quien siendo apenas un joven conoció de cerca la persecución, el miedo y la degradación que el comunismo imponía, incluso sobre sus propios cuadros.

Entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo se explica que alguien que sufrió los embates del sistema termine convertido en el máximo líder de ese mismo sistema? Ahí es donde la ideología choca frontalmente con los intereses personales y con la naturaleza humana.

Porque cualquier persona razonaría que quien padeció semejante experiencia debería rechazar el modelo que destruyó a su familia. Pero en los sistemas totalitarios ocurre algo distinto: el poder termina absorbiendo las heridas personales y transformándolas en obediencia política. El individuo deja de luchar contra el mecanismo y termina convirtiéndose en parte de él.

La aberración social y política

Eso, desde mi punto de vista, es una aberración social y política. Un sistema que es capaz de perseguir a sus propios hijos ideológicos, humillarlos y luego reciclarlos como dirigentes demuestra que la ideología no funciona sobre principios morales, sino sobre estructuras de poder. No importa cuánto sufrimiento produzca; mientras conserve el control, el sistema se considera exitoso.

La ideología y las heridas del poder
En la foto, Xi Jinping y su padre

La historia de Xi Jinping demuestra que el comunismo no necesita convencer espiritualmente a las personas para perpetuarse. Le basta con moldearlas, disciplinarlas y hacerles comprender que fuera del poder no existe seguridad alguna. Muchos terminan defendiendo lo mismo que un día los destruyó, porque en esos sistemas el miedo y la ambición suelen pesar más que la memoria.

Y ahí está la gran contradicción: un hombre que conoció el rostro más cruel del comunismo terminó convertido en el principal guardián de ese mismo modelo.

Este ejemplo de sumisión ideológica me lleva a una conclusión: El comunismo es tan fuerte, ideológicamente hablando, que logra que cale tan profundamente en la mente de la humanidad, que logra que los humanos dejen de ser humanos y se conviertan en maquinaria absurda, donde la familia deja de ser un propósito y el partido ocupe su lugar.

En Cuba sucede algo parecido, para los comunistas cubanos la familia no importa, porque según su ideología arcaica “las personas mueren, pero el partido es inmortal”

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