
Por si fuera poco, ahora meten miedo con el hantavirus
Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Ah, el viejo truco del régimen. Cuando la casa se quema, cuando los apagones asfixian, cuando la comida escasea y la gente ya no cree ni en los discursos de fin de año, entonces sacan del baúl de los recuerdos una nueva amenaza. Esta vez le ha tocado al hantavirus, un bicho que, según la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, «no es conocido en Cuba», no tiene vectores en la isla y nunca ha provocado un brote en el país.
Pero ojo, que a pesar de todo eso, ya están convocando reuniones de expertos, activando protocolos, recomendando nasobucos y hablando de periodos de incubación de ocho semanas. ¿Suena familiar? Sí, el mismo libreto que ensayaron con el caracol africano, con el dengue, con el zika, con el chikungunya. Siempre la misma película: meter miedo para distraer.
Porque lo curioso, y a la vez repugnante, es que el sistema de vigilancia epidemiológica que tanto presumen fue el mismo que escondió durante meses las epidemias de dengue que arrasaron varias provincias. ¿O acaso se nos olvida que Matanzas estuvo colapsada, con cientos de casos y muertes silenciadas, hasta que el agua llegó al cuello y no pudieron ocultarlo más?
El zika y el chikungunya corrieron la misma suerte: primero negación, luego minimización, después un reconocimiento forzado cuando las víctimas ya eran incontables. Y ahora, de repente, resulta que tienen un «sólido sistema de vigilancia» para un virus que no existe en Cuba. Qué casualidad. Qué oportuno. Justo cuando la gente está más descontenta que nunca.
Ya no engañan a nadie
La viceministra habla de «enseñanzas de la COVID», y Granma lo reseña (https://www.granma.cu/cuba/2026-05-12/ante-el-hantavirus-lo-primordial-es-la-vigilancia-12-05-2026-20-05-52) como si aquello hubiera sido un ejemplo de gestión y no un desastre de proporciones bíblicas. Porque en la COVID, el régimen también tardó en reaccionar, también minimizó los riesgos, también ocultó las cifras reales, y solo cuando la Organización Mundial de la Salud y la presión internacional los acorralaron, empezaron a tomar medidas serias.
Mientras tanto, los cubanos se contagiaban en colas interminables, en transportes hacinados, en hospitales sin insumos. Las «enseñanzas» que dejó la COVID no fueron científicas, sino políticas: aprendieron que el miedo bien dosificado puede desviar la atención de la crisis económica. Y eso es exactamente lo que están haciendo ahora.
Y no nos llamemos a engaño. Decir que «no hay motivos para alarmas, pero sí para estar alertas» es la manera elegante de sembrar el pánico justo el necesario para que la población hable del hantavirus y no de los apagones de 14 horas, de la leche que no llega a los niños, de los ancianos que rebuscan en la basura, de los jóvenes que se juegan la vida en el Darién.
Es el mismo manual de siempre: inventar una amenaza externa, magnificarla, presentarse como los únicos capaces de enfrentarla, y mientras tanto, seguir robando, seguir mintiendo, seguir hundiendo al país. El caracol africano fue el primer acto. El hantavirus es el último. Pero la gente ya no es tonta. La gente ya sabe.
El pueblo se cura con libertades
Por eso, querida viceministra, permítame decirle que sus declaraciones no generan confianza, generan escepticismo. Porque ustedes han mentido tantas veces, han ocultado tantas muertes, han manipulado tantas estadísticas, que cualquier palabra que salga de su boca suena a propaganda.
Si de verdad les preocupara la salud de los cubanos, empezarían por garantizar los medicamentos esenciales que hoy faltan en las farmacias, por reparar los hospitales que se caen a pedazos, por pagar los sueldos de los médicos que huyen porque no pueden vivir con 20 dólares al mes.
Pero eso no genera titulares. Eso no desvía la atención. Eso no permite seguir en el poder. Así que sigan con su circo del hantavirus. Sigan con sus alertas, sus nasobucos y sus reuniones de expertos. Pero sepan que el pueblo ya no se asusta con cuentos. El pueblo está asustado de ustedes. Que es muy diferente. Y mucho más grave. Porque del miedo a un virus, se recupera. Del miedo a los que gobiernan, no. Eso se cura con libertades. Y eso, por ahora, no está en su recetario.






