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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Desde mi experiencia personal, crecí dentro del sistema creado después del triunfo de la revolución. Estudié en escuelas donde se rendía culto al proceso revolucionario, fui a las escuelas al campo, hice guardias cederistas, participé en manifestaciones y hasta lancé flores al mar en homenaje a supuestos héroes revolucionarios.

Sin embargo, con el tiempo comprendí que todo aquello formaba parte de un mecanismo de manipulación. Pero en aquellos años yo no tenía herramientas para cuestionarlo ni acceso a otra realidad distinta a la que el régimen mostraba.

Me creí todos los relatos oficiales. Incluso llegué a pensar que la libreta de racionamiento existía en todos los países del mundo, porque para mí aquello era normal. Sin embargo, hay algo que recuerdo claramente: en los años de mayor fervor revolucionario casi no se hablaba del bloqueo.

En la entrada del puente Almendares, en La Habana, había un enorme cartel que decía: “¿Con qué nos pueden amenazar los imperialistas si tenemos un campo socialista que nos asiste en todo?”, acompañado por una gigantesca imagen de Fidel Castro. El discurso entonces era otro, basado en la fortaleza y el respaldo del bloque socialista.

No fue hasta la caída del socialismo en Europa del Este que el bloqueo comenzó a convertirse en la explicación oficial de todos los males de Cuba. Desde entonces, el régimen cubano ha utilizado esa narrativa de victimización ante el mundo, mientras dentro del país la realidad del pueblo sigue deteriorándose.

Al poder no le preocupa realmente si los cubanos comen, tienen electricidad o pueden vivir con dignidad; gran parte de sus esfuerzos parecen concentrarse en sostener internacionalmente una imagen de supuestos logros revolucionarios que en la práctica muchos cubanos no ven. Las conquistas de la revolución dicen.

Lo más preocupante para mí es cómo esa narrativa termina siendo repetida incluso por personas que sufren las consecuencias del propio sistema. Porque una carretera puede repararse, se pueden levantar edificios y reconstruir infraestructuras, pero siempre me pregunto algo mucho más difícil: ¿cómo se repara el daño antropológico y mental que décadas de manipulación han dejado en la conciencia de los cubanos?.

En una sección del parlamento cubano, le preguntaron al historiador Portel Vilá: ¿Se puede maestro convertir a Cuba en un sistema parecido a Suecia? Y el maestro respondió con otra pregunta: Si, ¿pero qué hacemos con los cubanos, los tiramos pal agua?

Nota del editor: Pregúntese desde cuándo existe el bloqueo y también desde cuándo se vota contra él en la ONU.

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