
La mala suerte de Luis Robert Jr.
Por Robert Prat ()
Miami.- Hay jugadores que nacen con estrella y otros con un imán de desgracias. Luis Robert Jr., el talentoso jardinero central cubano de los Mets, parece haber sido bendecido con un talento descomunal y maldecido con un cuerpo de cristal.
Aquí estamos, a principios de temporada, y ya el carismático antillano vuelve a ser noticia no por un jonrón espectacular, sino por una vulgar molestia en la parte baja de la espalda. Tres partidos seguidos fuera de la alineación, y ya se empieza a temer lo peor: una resonancia magnética, la lista de lesionados, y ese silencio incómodo en el clubhouse. Los Mets, que ya andan en una mala racha, no necesitaban precisamente esto.
El propio mánager Carlos Mendoza no pudo ocultar su preocupación, aunque intentó ponerle el pecho a las balas. «No mejoró mucho con el tratamiento», admitió. Y cuando un técnico habla de resonancias y de «esperar a ver qué dice», uno ya sabe que la cosa no pinta bien. Porque Robert tiene un historial que asusta: cadera, isquiotibiales, y ahora la espalda. En las últimas dos temporadas con los White Sox, solo pudo disputar 210 partidos. Eso no es un contratiempo, es una tendencia. Y en Nueva York, las tendencias se magnifican como el eco en un cañón.
La enfermería
El drama no es solo físico, es también matemático porque cuando Robert está sano, es un espectáculo. Pero lleva un horrible 5 de 38 en sus últimos diez juegos, con un promedio que ha caído en picado hasta .224. Es decir, el dolor de espalda llegó justo cuando su bate ya estaba de vacaciones. Y esto es lo más cruel del deporte: el cuerpo traiciona justo cuando la mente más necesita confianza. Los Mets, que lo adquirieron en enero pensando en un refuerzo de lujo, ahora se encuentran con un rompecabezas que no encaja. El novato Carson Benge y Tyrone Taylor tendrán que suplir al cubano. Y Juan Soto, aunque batea, tampoco está al cien por cien.
Lo peor de todo es que esta historia ya la conocemos de memoria. Es el cuento de nunca acabar de los grandes peloteros caribeños con talento de Salón de la Fama y cuerpo de papel mojado. Y lo más frustrante no es que Robert se lesione, sino que lo hace siempre en el peor momento, justo cuando el equipo empieza a construir algo, justo cuando los aficionados empiezan a soñar. Mendoza lo dijo claro: «Estamos intentando conocer al jugador y su personalidad». Pues ya lo conocen. Es un tipo encantador, un talento generacional, pero también es un riesgo constante. Un seguro a todo riesgo con una prima altísima.
Así que, mientras esperamos los resultados de la resonancia, solo nos queda resignarnos. Los Mets rezarán por que sea una tontería de dos días. Pero la historia nos enseña que con Luis Robert, la tontería suele durar dos meses. La mala suerte no es un mito, es un apellido. Y este muchacho, por mucho que se esfuerce, parece condenado a cargar con él. Ojalá me equivoque. Ojalá el diagnóstico sea bueno. Pero mientras tanto, el jardinero central de los Mets sigue siendo el mejor pelotero del mundo… en la enfermería.






