Cualquier miseria parece un privilegio

Comparte esta noticia

Por Anette Espinosa

Matanzas.- Llevar 28 horas consecutivas con electricidad en Cuba no es una buena noticia. Es una anomalía. Es el tipo de cosa que en cualquier país pasa desapercibida, pero aquí se celebra como si hubiéramos descubierto la cura de todas las enfermedades. Y eso, más que alegría, debería dar vergüenza.

La gente lo comenta como quien narra un milagro: “todavía no han quitado la luz”. Se dice en voz baja, casi con miedo a que alguien escuche y venga el apagón como castigo inmediato. Vivimos pendientes de algo tan elemental como encender un bombillo, cargar un teléfono o poner un ventilador en medio del calor.

Lo más indignante es la normalización. Poco a poco nos han ido acostumbrando a esto. A dar gracias por lo que debería estar garantizado. A sentirnos afortunados por tener electricidad un día entero, mientras en el resto del mundo eso ni siquiera es tema de conversación. Esa es una de las jugadas más perversas del sistema: bajar tanto la vara que cualquier miseria parezca un privilegio.

Y no, esto no es culpa de un bloqueo, ni de un accidente puntual, ni de una casualidad técnica. Esto tiene nombre y apellido. Es el resultado de años de mala gestión, de abandono, de promesas incumplidas y de un modelo que no funciona. Un sistema que no puede garantizar energía a su gente, pero que sí sabe sostener un aparato de control y propaganda como si no hubiera crisis alguna.

Por eso, esas 28 horas con luz no son motivo de celebración. Son un recordatorio. Una prueba clara de hasta qué punto hemos caído. Estamos hablando de una dictadura que ha convertido la vida cotidiana en una lucha constante por lo más básico.

Eso, por donde se mire, no hay manera de justificarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy