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Por Sergi Barbán Cardero ()
Miami.- La historia de Cuba parece haber entrado en un bucle de consignas gastadas, pero esta vez el guion ha tomado un giro tan anacrónico y ridículo. Todo comenzó con una frase de Silvio Rodríguez en su blog: “Exijo mi AKM”. A sus 79 años, el trovador que una vez “le cantó a la esperanza” hoy reclama un fusil de asalto.
Pero hay un detalle revelador. Estas bravuconerías no surgen en el vacío. Aparecen justo después de que el propio Díaz-Canel escribiera en la red social X: “Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza; cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”. Lo hizo en respuesta a declaraciones del presidente estadounidense, quien afirmó que espera tener “el honor de tomar Cuba, de alguna manera” y que busca “liberarla”, mientras, paradójicamente, continúan conversaciones entre ambos países.
Es en ese contexto donde se activa el viejo libreto: tensión externa, retórica épica… y llamado a la confrontación.
A ese coro de bravuconería se han sumado rápidamente figuras como Michel Torres Corona, rostro de Con Filo, y Susely Morfa, funcionaria del Partido que siempre ha vivido a la sombra del poder.
Sin embargo, detrás de esta retórica de trinchera queda flotando una pregunta que ninguno ha tenido la honestidad de responder: ¿contra quién van a disparar esas AKM?
Hay que hablar claro. Mientras por un lado se alimenta el discurso de “resistencia inexpugnable”, por otro existen canales diplomáticos abiertos con Estados Unidos que intentan aliviar la asfixia que vive la isla. Entonces, ¿es ese fusil también una advertencia para quienes apuestan por una salida negociada? ¿Es el AKM de Silvio el reflejo de una élite que prefiere la confrontación antes que un cambio que ponga en riesgo su control?
El AKM no sería para defender la soberanía, sino para preservar el estatus.
Resulta difícil no indignarse al ver a Silvio Rodríguez, desde una posición privilegiada, exigir un arma. ¿Para qué la quiere realmente? Todo apunta a que ese fusil no sería más que el último recurso para proteger su comodidad, sus propiedades y una vida de millonario muy distante de la realidad que enfrenta el cubano de a pie.
Lo mismo ocurre con figuras como Michel Torres Corona o Susely Morfa. Ellos no piden un AKM para ir a una trinchera de fango; lo invocan como símbolo de defensa de las prebendas que han acumulado siendo voceros de un sistema en crisis.
Y entonces, la pregunta vuelve a imponerse:
¿Hacia dónde apuntarían esos cañones? ¿Contra la diplomacia? ¿Apuntarán contra quienes intentan abrir caminos mediante el diálogo? Porque, si es así, esa supuesta “resistencia” no es más que un obstáculo armado contra cualquier solución pacífica.
¿Contra el pueblo? Es obsceno pedir un arma cuando la mayoría pide pan. Ese fusil terminaría dirigido contra cualquiera que cuestione el orden establecido.
¿Contra el cambio? Para una casta que vive con privilegios mientras el país se empobrece y muere por falta de alimentos y medicinas; resulta que para estos hipócritas el verdadero enemigo es todo aquel que aspire a transformar el sistema, no importa como lo hagan, violenta o pacíficamente, da igual, los jóvenes Del4Tico, fueron apresados igual que los jóvenes de Morón. No importa como lo haga, de todas formas, irás preso si cuestionas a el regimen comunista.
Esta retórica de “resistencia inexpugnable” no es épica; es una amenaza velada contra la propia ciudadanía y contra cualquier posibilidad de futuro sin conflicto. El AKM se convierte así en el símbolo de una élite que, al sentirse cuestionada, vuelve a refugiarse en el lenguaje de la guerra.
Silvio, Michel, Susely: antes de exigir un fusil, expliquen que están dispuestos a usarlo contra su propio pueblo para sostener sus privilegios.
Cuba no necesita más consignas de guerra. Cuba necesita una salida pacífica y un cambio de sistema. Pero no olviden algo: un pueblo sin defensa también puede reclamar su derecho a armarse para conquistar su libertad, venga la ayuda de donde venga, incluso de los Estados Unidos.