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La generación que se cansó de llevar la manzana en la cabeza

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- La canción del cantautor cubano Carlos Varela: Guillermo Tell; siempre me pareció una metáfora poderosa del poder y de las generaciones.

En la historia, Guillermo Tell demuestra su destreza disparando una flecha a una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo. Durante años el padre repite el acto con orgullo, como prueba de su habilidad. Hasta que un día el hijo se cansa de llevar siempre la manzana en la cabeza. Se cansa de ser el riesgo. Se cansa de que otros demuestren su destreza sobre su cabeza. Y entonces dice algo que cambia la historia: “Ahora le toca al padre la manzana en la cabeza.”

Esa metáfora vuelve a mi mente cada vez que escucho a los jóvenes cubanos que han comenzado a hablar sin miedo. Hoy escuché un podcast donde cuatro muchachos del proyecto Fuera de la Caja conversan con una claridad que sorprende y, sobre todo, incomoda al poder.

No son políticos profesionales. No son figuras del exilio. No hablan desde un estudio en Miami ni desde una oficina en Washington. Hablan desde Cuba. Desde la misma realidad que viven millones de cubanos: apagones interminables, salarios simbólicos, un país que se vacía porque sus hijos se marchan. Pero lo más interesante de esos jóvenes no es solo lo que dicen; es el simple hecho de que lo dicen.

Los jóvenes que piensan diferente son incómodos

Durante décadas el sistema intentó convencer a los cubanos de que cuestionar al poder solo podía tener una explicación: alguien pagaba por ello. Uno de esos jóvenes lo resumió con una frase que retrata perfectamente esa lógica: “Ellos creen que para pensar hay que recibir dinero.”

Ahí está el drama del sistema. Un poder que no puede imaginar que alguien piense libremente termina viendo conspiraciones donde en realidad solo hay ciudadanos. Por eso, proyectos como Fuera de la Caja son tan importantes.

No representan un partido. No representan una ideología cerrada.

Representan algo mucho más peligroso para cualquier sistema autoritario: una generación que empezó a pensar en voz alta. Y cuando los jóvenes comienzan a pensar en voz alta, el futuro deja de ser propiedad del poder.

Tal vez eso explique por qué resultan tan incómodos. Porque cuando una generación pierde el miedo, otra empieza a preguntarse por qué debería seguir teniéndolo.

La historia demuestra que las dictaduras no empiezan a debilitarse cuando aparecen más enemigos. Empiezan a debilitarse cuando aparecen más ciudadanos; de ahí la importancia de aprender a ser ciudadanos.

Y hoy, en Cuba, cada vez más jóvenes parecen decir algo muy simple: ya no queremos seguir llevando la manzana en la cabeza.

¡Queremos sostener el arco!

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