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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- ¿“Toma de control amistosa”? Perdón, pero hay frases políticas que parecen chistes malos… y esta es una de ellas. Desde que el presidente Donald Trump soltó la idea de una posible “toma amistosa” de Cuba, muchos nos estamos rompiendo la cabeza tratando de entender qué significa realmente ese invento semántico. Porque seamos serios: en política internacional, “tomar control” y “amistoso” no suelen caber en la misma oración.

Por un lado, Washington ha apretado el cuello del castrismo durante años: ahora con sanciones más duras, amenazas de aranceles a quienes suministren combustible a la isla y el corte del oxígeno petrolero venezolano. Incluso después de la captura del dictador Nicolás Maduro, Trump aseguró que el régimen cubano tenía “los días contados”.

Pero entonces… giro inesperado. Ahora aparecen señales de conversaciones con La Habana, licencias especiales para que vuelva a fluir crudo hacia la isla y luz verde para compras privadas de combustible.

¿En qué quedamos? Aquí hay tres lecturas posibles: Máxima presión para forzar negociación. Aprietan hasta el límite… y luego ofrecen una salida “ordenada”.

La partida de ajedrez y el hambre

Estrategia de palo y zanahoria. Te asfixio hoy para sentarte mañana en la mesa. O simple confusión estratégica. Que en política también pasa, aunque cueste admitirlo.

Mientras tanto, el régimen cubano monta su habitual teatro de resistencia, grita soberanía y denuncia agresiones… pero al mismo tiempo deja entrever que hay contactos. Porque cuando ambas partes niegan y confirman cosas a la vez, normalmente es porque algo se está cocinando tras bastidores. La realidad es más cruda que cualquier discurso: Cuba vive una de sus peores crisis energéticas. Washington cree tener la sartén por el mango.

Y ambos están jugando una partida de ajedrez de alto riesgo, mientras que las fichas se mueren de hambre. La llamada “toma amistosa” no suena a invasión militar inminente. Suena más bien a esto: presión máxima, puerta entreabierta, negociación bajo estrés.

La pregunta no es qué quiso decir Trump. La pregunta es mucho más incómoda: ¿Está el régimen cubano realmente contra las cuerdas? ¿O estamos viendo otro capítulo del teatro como nos tienen acostumbrados La’bana y Washington? El tiempo, y el petróleo lo rebelarán todo.

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