Canel prepara otra función en la ONU: el bloqueo tiene la culpa de todo

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Por Oscar Durán

La Habana.- Miguel Díaz-Canel volvió a sacar del escaparate su discurso favorito: el bloqueo estadounidense. Esta vez, el escenario será la Asamblea General de Naciones Unidas, donde el gobernante cubano espera que la postura de La Habana demuestre el aislamiento de Washington por su política de presión económica contra la isla.

En el programa radial Criterio compartido, el mandatario calificó las acciones estadounidenses de «genocidio silencioso» y denunció una ofensiva diplomática y comunicacional. En Cuba, al parecer, el libreto presidencial tiene una sola página: si algo sale mal, la culpa viene del norte; si todo sigue igual, también.

Desde hace 34 años, el Gobierno cubano lleva su campaña contra el embargo a la ONU y destaca el respaldo internacional a su resolución. Esa votación constituye un escenario diplomático relevante para La Habana, aunque el apoyo a poner fin al embargo no equivale a respaldar cada decisión del régimen ni a aprobar su modelo político.

Canel, sin embargo, vuelve a presentar el asunto en términos de buenos y malos, con Washington en el banquillo y su Gobierno en el papel de víctima eterna. Una representación muy conveniente para quienes llevan décadas administrando el país sin ofrecer a los ciudadanos una salida sostenible a sus problemas.

El presidente también denunció presiones, chantajes y calumnias de la Casa Blanca contra otros Estados para condicionar sus posiciones. Son acusaciones que requieren pruebas concretas y no quedan demostradas únicamente mediante un discurso oficial.

Lo curioso es que el Gobierno cubano reclama solidaridad internacional y respeto a la soberanía, mientras los ciudadanos de la isla siguen esperando respuestas sobre los apagones, la escasez de alimentos, el deterioro de los servicios y la pérdida de poder adquisitivo.

La diplomacia puede llenar titulares y producir aplausos en determinados auditorios, aunque no enciende una bombilla ni pone comida en la mesa.

El próximo 28 de octubre, La Habana volverá a medir sus apoyos en Naciones Unidas y presentará el resultado diplomático en sus medios oficiales. Una política exterior no explica por sí sola cada fracaso de la economía nacional ni convierte a la dirigencia en espectadora inocente de la crisis. Canel podrá volver a denunciar el «castigo colectivo» y buscar respaldo entre sus aliados, aunque la verdadera evaluación de su gestión seguirá produciéndose en cada hogar cubano, a oscuras, frente a una nevera vacía y con demasiadas promesas acumuladas.

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