
Lula, Fidel Castro y la farsa de las cuentas bancarias
Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- Leo en Cubadebate, órgano de propaganda de la dictadura cubana, que Lula desafió a Flávio Bolsonaro a revelar sus movimientos bancarios y registros telefónicos, ofreciendo hacer lo mismo con los suyos y los de sus familiares. ¡Qué manera tan curiosa de demostrar honradez! Como si la integridad de un gobernante pudiera medirse únicamente por el dinero que tiene depositado en un banco.
Esto me recuerda cuando Fidel Castro desafió a la revista Forbes a demostrar que poseía una fortuna personal de 900 millones de dólares. Pero ¿para qué necesitaba Fidel guardar millones en una cuenta bancaria si tenía a su disposición los recursos de un país entero? El mismo Fidel que proclamaba vivir modestamente, con un salario de apenas unos cientos de pesos cubanos, mientras el pueblo enfrentaba toda clase de privaciones. Años después, testimonios de antiguos colaboradores revelaron propiedades reservadas, servicios exclusivos y privilegios incompatibles con aquella imagen de austeridad. La pobreza era para el pueblo; los privilegios, para la familia gobernante.
Y esa representación continúa. Los actuales dirigentes cubanos aseguran vivir como cualquier ciudadano, pero nadie los ve enfrentando las mismas colas, la escasez de alimentos, los apagones y las dificultades cotidianas de la población. Predican sacrificios que ellos mismos no parecen dispuestos a compartir. La austeridad se ha convertido en un discurso para los gobernados, no en una obligación para los gobernantes.
Todos deberían rendir cuentas
Y ya que hablamos de Lula, ¿por qué no comenzamos por el puerto del Mariel, en Cuba? El BNDES aprobó aproximadamente 682 millones de dólares en financiamiento para obras ejecutadas por Odebrecht. En mayo de 2026, Cuba acumulaba alrededor de 676 millones de dólares en pagos atrasados con Brasil, relacionados con ese y otros financiamientos. ¿Quién asumió los riesgos de aquella operación? ¿Quién responderá por esa deuda? Ciertamente, no será Lula con su patrimonio personal.
No tengo absolutamente nada contra la divulgación de las cuentas bancarias de Lula, Flávio Bolsonaro o sus familiares, dentro de lo establecido por la ley. ¡Que todos rindan cuentas! Pero tener millones en el banco no constituye una prueba de corrupción, como tampoco declarar un salario modesto o presentar una cuenta vacía demuestra honradez.
Porque existe algo mucho más peligroso que un político con millones depositados en el banco: un gobernante que, sin necesidad de tener esos millones a su nombre, dispone de los recursos públicos como si fueran parte de su patrimonio particular.
La verdadera transparencia no comienza mostrando el saldo bancario de un político. Comienza explicándoles a los contribuyentes adónde fue su dinero, quiénes se beneficiaron de él y quién terminará pagando la cuenta.



















