Feminicidio en Cuba: la impunidad que duele

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Holguín.- La noticia de una madre cubana asesinada frente a su propia hija en Holguín estremece el alma. Detrás de cada feminicidio hay una vida arrebatada, una familia destruida y niños condenados a crecer con una ausencia que jamás podrán llenar. Pero hay algo que me aterra todavía más: que llegue el día en que noticias como esta ya no sorprendan a nadie. Que las leamos, sintamos tristeza por unos segundos y sigamos adelante como si matar a una mujer fuera algo cotidiano. Ese es mi mayor temor.

Y el antecedente es demoledor: en Cuba no existe un registro oficial de feminicidios, el Código Penal no tipifica el término y las mujeres que se atreven a denunciar a menudo no reciben protección real. Las casas de acogida son insuficientes, los procesos judiciales se eternizan y muchas víctimas quedan a merced de sus agresores. El caso de Holguín no es un hecho aislado, sino un eslabón más de una cadena de violencia que el Estado prefiere mirar de reojo.

Los feminicidios no son simples cifras. Son vidas que pudieron salvarse, señales de alarma que no siempre reciben la atención necesaria y familias que quedan destrozadas para siempre. Cuba necesita mucho más que declaraciones: necesita prevención, protección real para las mujeres en riesgo, instituciones que respondan a tiempo y justicia para las víctimas.

Y junto a la prevención y la protección, hace falta una justicia que no sea una quimera. Que los agresores no queden impunes, que las denuncias no se archiven por falta de recursos o por complicidad institucional, que las autoridades dejen de tratar la violencia machista como un asunto privado. Sin instituciones que funcionen, sin jueces que apliquen la ley con perspectiva de género, sin una policía que actúe antes de que sea tarde, cualquier discurso de condena se queda en retórica vacía.

No podemos acostumbrarnos al horror. No podemos permitir que la muerte de una mujer se convierta en una noticia más. Ninguna mujer debería vivir con miedo. Ningún niño debería presenciar el asesinato de su madre. Y ninguna víctima debería convertirse en otra cifra olvidada.

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