
La mujer que sobrevivió a su propio castigo
Por Rafa Junco ()
Madrid.- En 1542, Marguerite de La Rocque navegaba hacia el Nuevo Mundo. Era joven, noble y francesa. Pero su destino no estaba en América. Su destino estaba en una isla desierta. Todo porque se enamoró de un hombre a bordo del barco. Un romance que enfureció al jefe de la expedición, su propio pariente Jean-François de Roberval. Para él, aquello era una deshonra. El castigo no fue una reprimenda. Fue un exilio.
La dejaron en una isla remota del Atlántico Norte. Con ella, su amante y una sirvienta. El barco se fue. El horizonte se quedó vacío. Marguerite estaba embarazada. En aquella isla dio a luz. El bebé murió. Después murió su amante. Luego murió la sirvienta. Ella se quedó completamente sola.
Pero la historia no terminó ahí. Ahí es donde empezó la leyenda. Con un arma y una Biblia, Marguerite sobrevivió cazando animales en un territorio hostil. Según algunos relatos, incluso se enfrentó a osos blancos. Una mujer europea del siglo XVI, sola, después de haber enterrado a su hijo y a sus dos únicos compañeros. Esperando un barco que quizá nunca regresaría.
Pasaron aproximadamente dos años. Entonces aparecieron pescadores. La encontraron viva. Regresó a Francia. Y entonces, aquel castigo privado se convirtió en literatura. Margarita de Navarra incluyó su historia en el Heptamerón. Otros autores la contaron, añadieron osos, demonios y voces extrañas. La isla pasó a llamarse «Isla de los Demonios» en algunos mapas. Realidad y leyenda se mezclaron para siempre.
Roberval quiso castigarla apartándola del mundo. Terminó convirtiéndola en una de las supervivientes más extraordinarias de la exploración francesa del siglo XVI. No sabemos con certeza si hubo osos blancos, ni dónde quedó exactamente aquella isla. Pero el núcleo de la historia es real: una mujer embarazada, abandonada, que perdió a su hijo y a sus compañeros, y que siguió viva, sola, durante dos años. Porque a veces el castigo más cruel es el que te convierte en leyenda.



















