
La noche que Tina Turner casi pierde el nombre
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Llevaba 36 centavos en el bolsillo, una tarjeta de gasolina y un ojo tan hinchado que apenas podía abrirlo. Su traje blanco estaba manchado de sangre. Era la noche del 1 de julio de 1976, y Tina Turner acababa de llegar al mostrador de un Ramada Inn de Dallas. No podía pagar una habitación, pero el gerente la reconoció y le dio una, con seguridad en la puerta y algo de comida. Había dejado a Ike Turner.
Durante años, Tina había sido la mitad de una de las parejas más exitosas de la música. Sobre el escenario era pura energía; fuera de él, un infierno. Ike la golpeaba, la controlaba, la humillaba. Esa noche, en el camino al Statler Hilton, volvió a pegarle. Tina respondió. Cuando él se durmió, cogió un bolso pequeño, dejó su peluca y se fue. Atravesó una autopista a pie, entre el tráfico, y llegó al Ramada. Tenía 36 centavos.
El 27 de julio de 1976, Tina presentó la demanda de divorcio. El proceso duró dos años. Renunció a casi todo lo que tenía, aceptó deudas de conciertos cancelados, pero se aseguró de conservar una cosa: su nombre artístico. Tina Turner. Era lo único que Ike no podía quitarle.
Los años siguientes no fueron un cuento de hadas. Actuó en clubes de mala muerte, hoteles y programas de televisión. Los ejecutivos de la industria la daban por acabada. Cumplió 36 años cuando dejó a Ike. Llegó a los 44 sin un éxito en solitario. Pero ella seguía ahí, cantando en cualquier sitio que le pagaran.
En 1984, todo cambió. Private Dancer alcanzó el número 3 en Estados Unidos y «What’s Love Got to Do with It» llegó al número 1. En los Grammy de 1985, Tina ganó tres premios. Ocho años separaban esos dos momentos: uno, una mujer con 36 centavos atravesando una autopista de Dallas; el otro, el nombre que había decidido conservar escrito en uno de los discos más exitosos de su carrera. La misma mujer, el mismo nombre, otra vida.



















