
Cuba en la encrucijada: rebelarse o desaparecer
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- No existe tercera vía. El cubano sale como quien sale de un incendio caminando en llamas, convencido de que el calor es normal. Porque en la medida en que la población se acostumbra a vivir sin luz, sin agua, sin gas, sin transporte, sin medicinas y sin comida, la crisis deja de ser crisis y pasa a ser paisaje. Es pura percepción: si te quitan todo y sigues vivo, te dicen que estás «resistiendo».
Un día el gobierno decidió que no habría más carne de vacuno. La borró del mapa y el pueblo lo aceptó como quien acepta un eclipse. Desde entonces, una vaca vale más que un cubano: matar una vaca es un sacrilegio; matar a un cubano, un trámite administrativo. Otro día, el país entero entregó las joyas de padres y abuelos por un televisor chino de tercera. Robo estatal disfrazado de «modernización». También se aceptó.
La resignación es hoy política de Estado. Con el gobierno en bancarrota, hemos llegado a una comuna socialista involuntaria: cobras en pesos, compras en dólares y agradeces que te dejen entrar a la tienda. Eso también se normalizó. La comuna incluye cocinar en solineras comunitarias, comer en comedores de masas y fingir que eso es «solidaridad». La falta de comida ya no es problema: China y Vietnam donan arroz cada mes. Dependencia elevada a virtud.
La rebelión o la muerte
La ausencia de agua se pretende resolver con bombas manuales «innovadoras», idénticas a las que usaba el abuelo en 1950. La falta de electricidad, con placas solares en cada techo, como si el sol pudiera iluminar un futuro que no existe. Cocinando con carbón y leña —otra normalización—, el futuro no es oscuro: es inexistente. El transporte se ha convertido en motos eléctricas que te roban a cuchillo. Cotidiano. Folclórico. Parte del encanto tropical.
Hoy Cuba tiene dos caminos reales: normalizar las carencias —el camino elegido por la mayoría— o sacarlos a patadas, opción que hace un mes parecía posible y hoy parece un chiste cruel. El cubano tiene que entenderlo: o se rebela o desaparece. No hay tercera vía. No hay milagro. No hay utopía que caminar. Solo realidad: dura, sucia y cada vez más pequeña.



















