Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos

Comparte esta noticia
Escuchar este artículo
El artículo cambió; el audio está pendiente de actualización.

Una pequeña introducción

Hubo un tiempo en que la Tierra aún guardaba secretos. Dos manchas blancas en el mapa, el norte y el sur, esperaban al primero que osara plantarse en ellas. Roald Amundsen nació para ser ese hombre. No fue el primero en llegar al Polo Norte, pero sí el primero en conquistar el Polo Sur. Y también el primero en atravesar el Paso del Noroeste, el primero en sobrevolar el Polo Norte en dirigible y el primero en estar sobre ambos polos. Ningún explorador, antes ni después, ha logrado semejante colección de primicias.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
Dibujo de una comunidad esquimal

Pero Amundsen no era un héroe de cuento. Era un hombre obsesivo, meticuloso, frío a veces, y capaz de tomar decisiones que otros considerarían brutales. Aprendió de los esquimales, durmió con la ventana abierta en pleno invierno noruego y sacrificó perros para alimentar a otros perros. No buscaba gloria ni aplausos. Buscaba el polo. Cualquier polo.

Esta es la historia del último de los vikingos, el hombre que convirtió los límites del mundo en su jardín particular.

El chico que quería ser explorador

Roald Engelbregt Gravning Amundsen nació el 16 de julio de 1872 en Borge, una pequeña localidad del sudeste de Noruega. Su familia tenía tradición marinera: su padre, Jens Amundsen, era capitán de barco y armador. Pero Roald no quería seguir la ruta comercial. Quería algo más.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
Amundsen niño

A los dieciocho años, en 1890, asistió a una conferencia que le cambió la vida. El orador era Fridtjof Nansen, el gran héroe nacional noruego que dos años antes había atravesado por primera vez Groenlandia. Nansen hablaba de hielos, de tormentas, de paisajes que ningún europeo había pisado. Roald salió de aquella sala con una certeza: él también cruzaría esos límites.

A partir de entonces, todo lo demás fue secundario. Se entrenó en esquí, practicó deportes de invierno y durmió con la ventana abierta para aclimatarse al frío. No era una manía. Era preparación. El frío, aprendió pronto, no se combate con abrigo. Se combate con costumbre.

El Belgica y la primera lección de hielo

En 1897, con veinticuatro años, Amundsen consiguió una plaza como primer oficial en la Expedición Antártica Belga, al mando del comandante Adrien de Gerlache. No le pagaban. Ofreció sus servicios de forma desinteresada a cambio de una oportunidad: navegar entre los hielos polares.

El Belgica zarpó de Amberes en agosto de 1897 con una tripulación multinacional. Amundsen, entonces un joven de 26 años, tomó notas meticulosas de todo. Pero la expedición se convirtió en una pesadilla. El barco quedó atrapado en el hielo del mar de Bellingshausen y la tripulación pasó trece meses encerrada en la larga noche antártica.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
El Belgica

El escorbuto afectó a casi todos. La desesperación se apoderó de la tripulación. Solo dos hombres mantuvieron el ánimo: el cirujano estadounidense Frederick Cook y el joven Amundsen. Mientras otros se rendían al pánico, ellos estudiaban, planeaban, aprendían. Amundsen no solo sobrevivió a aquel invierno. Lo aprovechó. Todo lo que aprendió en aquellos trece meses de oscuridad —las técnicas de supervivencia, el manejo de trineos, el comportamiento del hielo— le serviría para conquistar el mundo.

El Paso del Noroeste, la primera gran victoria

A su regreso, Amundsen tenía claro su próximo objetivo: atravesar el mítico Paso del Noroeste, la ruta marítima que bordea Norteamérica conectando el Atlántico con el Pacífico. Nadie lo había logrado en tres siglos de intentos.

Compró un pequeño velero, el Gjoa, y se preparó en secreto. Los acreedores le pisaban los talones, pero eso no le detuvo. El 16 de junio de 1903, bajo una espesa lluvia, zarpó con nocturnidad y alevosía. «Estábamos a salvo en mar abierto», anotó en su diario.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
Camino a El Paso del Noroeste

La travesía fue brutal. Quedó atrapado en el hielo durante dos inviernos. Pero Amundsen no perdió el tiempo. Estudió a los esquimales netsilik, aprendió sus técnicas de supervivencia, adoptó sus vestimentas de piel y dominó el uso de trineos tirados por perros. Esa lección, la de los perros, sería decisiva para todo lo que vendría después.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
El Gjoa

En agosto de 1905, el Gjoa logró avanzar. Amundsen recorrió 800 kilómetros a pie hasta Eagle City, donde había una estación telegráfica, para dar la noticia al mundo. El 31 de agosto de 1906 llegó a Nome, Alaska. Había cumplido el sueño: tres siglos de exploración, y él era el primero.

El sueño del norte y el giro hacia el sur

Tras la victoria, Amundsen puso su mirada en el Polo Norte. Para ello necesitaba el Fram, el mítico barco de su héroe Fridtjof Nansen. Nansen, generosamente, se hizo a un lado y le cedió el navío.

En noviembre de 1908, Amundsen anunció su proyecto: iría al Polo Norte. Pero la vida, y la competencia, se interpusieron. En 1909, el estadounidense Robert Peary reclamó haber llegado primero. No importa que hoy se discuta si Peary realmente llegó: para Amundsen, el sueño del norte se había desvanecido.

Pero en el mapa aún quedaba un punto blanco. Su antiguo compañero del Belgica, Frederick Cook, le sugirió: «¿Por qué no intentas el Polo Sur?». Amundsen no dudó. Si no podía ser el primero en el norte, sería el primero en el sur.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
El Fram, con Amundsen al frente navega hacia la Antártida

Durante un año entero, solo su hermano Leo supo el secreto. Prepararon la expedición como si fueran al norte, pero el destino era el sur. Ni siquiera la tripulación lo supo hasta que el Fram atracó en la isla de Madeira, en septiembre de 1910. Allí, Amundsen reveló la verdad. Sus hombres, en lugar de amotinarse, sonrieron. Todos dijeron que sí.

La carrera hacia el Polo Sur había comenzado. Y nadie, absolutamente nadie, sabía que el rival, el capitán británico Robert Falcon Scott, también se dirigía allí.

La conquista del Polo Sur

El 18 de enero de 1911, mientras Scott y sus hombres levantaban su base en el estrecho de McMurdo, Amundsen y los noruegos desembarcaban en la Bahía de las Ballenas, 96 kilómetros más cerca del polo. Amundsen había elegido su punto de partida con precisión matemática.

Construyeron Framheim, una base invernal que sería su hogar durante los meses de oscuridad. Todo estaba calculado al milímetro: provisiones, ropa de esquimales, esquíes y, sobre todo, perros. Amundsen no cometió el error de Scott, que llevó caballos mongoles. Los caballos sudan, el sudor se congela, y los caballos mueren. Los perros, en cambio, regulan su temperatura sin sudor.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
La bandera noruega izada en el Polo Sur

El 19 de octubre de 1911, Amundsen y cuatro compañeros —Olav Bjaaland, Helmer Hanssen, Sverre Hassel y Oscar Wisting— partieron hacia el polo con 52 perros y cuatro trineos. Avanzaron a un ritmo implacable. El 4 de diciembre alcanzaron los 87 grados; el 7, el punto más al sur de Shackleton: 88 grados 23 minutos.

El 14 de diciembre de 1911, a las tres de la tarde, izaron la bandera noruega en el Polo Sur. Llamaron al campamento Polheim. Amundsen dejó una tienda con una carta para Scott, en previsión de que él también llegara.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos

Scott llegó 35 días después, el 17 de enero de 1912. Encontró la tienda noruega y escribió en su diario: «¡Dios santo! Es un lugar espantoso, y más para nosotros que hemos sufrido horrores para llegar hasta aquí sin obtener la recompensa de ser los primeros». Scott y sus hombres murieron en el viaje de regreso. Amundsen y los suyos regresaron a Framheim el 25 de enero de 1912. Habían recorrido 99 días de ida y vuelta. Once perros sobrevivieron.

La paradoja del explorador

Amundsen había conquistado el Polo Sur, pero no era lo que había soñado. Él mismo lo escribió con una lucidez extraordinaria: «Seguramente nunca un hombre se ha enfrentado, como me pasaba a mí, al hecho de haber alcanzado algo diametralmente opuesto a aquello con lo que ha soñado. Las regiones del Polo Norte —sí, el mismísimo Polo Norte— me habían atraído desde mi juventud, y heme aquí, en el Polo Sur. ¿Cabe imaginar mayor despropósito?».

El éxito no le llenó. Amundsen no era un hombre de banquetes ni de discursos. Odiaba la publicidad y tenía serios problemas para financiar sus expediciones. En más de una ocasión, sus deudas estuvieron a punto de arruinarle. Una vez tuvo que escabullirse durante la noche para evitar que le confiscaran el navío.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
El Maud

Pero su ansia por el norte nunca desapareció. En 1918 se lanzó a una nueva aventura con el Maud, un barco diseñado para quedar atrapado en el hielo y derivar hacia el Polo Norte. Fue un fracaso de siete años que casi acaba con su carrera. Amundsen sacó una conclusión: la época de los barcos y los trineos había terminado. El futuro estaba en el aire.

El norte, por fin, pero en el cielo

En 1914, Amundsen obtuvo el primer certificado de vuelo civil de Noruega. No era un capricho. Era una obsesión.

En mayo de 1925, junto con Lincoln Ellsworth y el piloto Hjalmar Riiser-Larsen, intentó llegar al Polo Norte en dos hidroaviones. Alcanzaron los 87 grados 44 minutos de latitud norte, la más septentrional alcanzada por un avión hasta entonces. Pero uno de los aviones se averió y quedaron atrapados en el hielo. Durante cuatro semanas, con una ración diaria de 400 gramos de comida, trabajaron para construir una pista de despegue. Movieron 600 toneladas de hielo. Lograron despegar y regresar. Fue un milagro.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
Los hidroaviones también le fallaron a Amundsen

El 11 de mayo de 1926, Amundsen lo intentó de nuevo. Esta vez, a bordo del dirigible Norge, diseñado por el ingeniero italiano Umberto Nobile. La nave sobrevoló el Polo Norte y llegó a Alaska dos días después. Amundsen y Wisting se convirtieron en los primeros hombres en alcanzar ambos polos. Cincuenta y cuatro años después de su nacimiento, y treinta y seis después de aquella conferencia de Nansen, Amundsen había cumplido su sueño de infancia. Por fin.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
El dirigible Norge camino al Polo Norte

La última partida

Pero el descanso no era para hombres como Amundsen. En 1928, Umberto Nobile, con quien Amundsen había roto relaciones públicas tras una amarga disputa sobre quién merecía el mérito del vuelo del Norge, se estrelló con su nuevo dirigible, el Italia, en el Ártico.

Amundsen no lo dudó. A pesar del enfrentamiento, aceptó participar en el rescate. El gobierno francés puso a su disposición un hidroavión Latham 47.

El 18 de junio de 1928, despegó de Tromsø con mal tiempo. A las tres horas de vuelo, se perdió la comunicación por radio. El avión nunca llegó a su destino.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos
El hidroavión Latham 47, en el que se perdió Amundsen

Nunca se encontró su cadáver, ni los restos del avión. La creencia es que se estrelló en el mar de Barents, cerca de la isla Bjørnøya. Tenía 55 años.

Nobile fue rescatado con vida días después. Amundsen, el hombre que lo había ido a salvar, desapareció para siempre en el mismo hielo que había amado y dominado durante toda su vida.

Legado y frustraciones

Roald Amundsen fue el primer hombre en alcanzar el Polo Sur, el primero en atravesar el Paso del Noroeste, el primero en sobrevolar el Polo Norte y el primero en pisar ambos polos. Ningún explorador, antes ni después, ha igualado su palmarés.

Pero también fue un hombre lleno de frustraciones. Nunca fue el primero en el Polo Norte, su sueño de juventud. Tuvo que conformarse con ser el primero en el Sur, y aunque lo logró con una eficiencia impecable, siempre le supo a poco. Odiaba la publicidad y las deudas le persiguieron toda la vida. Su carácter autoritario generó conflictos internos, especialmente con Hjalmar Johansen durante la expedición al Polo Sur. Sus métodos, como el sacrificio de perros para alimentar a otros perros, le valieron críticas.

Pero Amundsen no pedía comprensión. Pedía resultados. Y los obtuvo. En la carrera hacia el Polo Sur, su estrategia fue implacable: perros en lugar de caballos, esquíes en lugar de botas, ropa de esquimal en lugar de uniformes británicos. Scott y los suyos pagaron con su vida la diferencia.

Amundsen no era un héroe amable. Era un profesional del frío. Un vikingo del siglo XX que convirtió los límites del planeta en su territorio. Y cuando el planeta se quedó sin límites, se fue con ellos.

El último de los vikingos

Más de un siglo después de su muerte, Roald Amundsen sigue siendo el explorador polar más completo de la historia. No fue el más famoso, ni el más querido, ni el más generoso. Fue el más eficaz.

Aprendió de los esquimales, estudió el magnetismo, dominó la navegación, pilotó aviones y dirigibles. Se preparó durante décadas para un objetivo que, cuando lo alcanzó, resultó ser el sur en lugar del norte. Pero no se quejó. Simplemente, siguió adelante.

Su muerte, en el mar de Barents, fue el final apropiado para un hombre que había vivido en los bordes del mundo: desaparecido, sin tumba, sin rastro. Como si el hielo al que había dedicado su vida reclamara su cuerpo.

Hoy, los exploradores polares siguen sus rutas, los científicos estudian sus métodos y los aventureros citan sus frases. Pero ninguno ha logrado lo que él logró: ser el primero en todo. Porque Amundsen no solo conquistó los polos. Conquistó la idea de que los límites están para ser superados.

Y esa, quizá, sea la mayor hazaña del último de los vikingos.

Cinco preguntas clave sobre Roald Amundsen

1. ¿Por qué Amundsen cambió su objetivo del Polo Norte al Polo Sur?

Amundsen había planeado durante años una expedición al Polo Norte y para ello consiguió el Fram, el barco de Fridtjof Nansen. Sin embargo, en septiembre de 1909, el estadounidense Robert Peary reclamó haber llegado primero al Polo Norte. Aunque hoy se discute la veracidad de Peary, para Amundsen el sueño del norte había muerto. Entonces, en secreto, cambió su objetivo hacia el sur. No reveló el cambio a su tripulación hasta que zarparon. Fue una decisión estratégica: si no podía ser el primero en el norte, sería el primero en el sur.

Roald Amundsen: Biografía del último de los vikingos

2. ¿Cuál fue la clave del éxito de Amundsen en el Polo Sur frente a la tragedia de Scott?

La diferencia principal fue la preparación y la estrategia. Amundsen usó trineos tirados por perros groenlandeses, mientras que Scott usó caballos mongoles. Los caballos sudan, el sudor se congela y mueren; los perros regulan su temperatura sin sudor. Además, Amundsen adoptó ropa de esquimales, calculó las provisiones con precisión y estableció depósitos de alimentos a lo largo de la ruta. Scott, en cambio, cometió errores fatales: eligió caballos, añadió un miembro extra en el último momento que desajustó las raciones y no planificó adecuadamente los depósitos. Mientras Amundsen llegó al polo el 14 de diciembre de 1911, Scott llegó 35 días después y murió en el viaje de regreso.

3. ¿Amundsen llegó realmente al Polo Norte?

Sí, pero no por tierra. Amundsen sobrevoló el Polo Norte el 12 de mayo de 1926 a bordo del dirigible Norge, diseñado por el ingeniero italiano Umberto Nobile. Fue la primera expedición aérea en sobrevolar sin duda el Polo Norte. Con este logro, Amundsen y su compañero Oscar Wisting se convirtieron en los primeros hombres en alcanzar ambos polos. Sin embargo, su sueño original era ser el primero en pisar el Polo Norte, y en eso fue superado por Peary (aunque hoy se discuta).

4. ¿Cómo murió Roald Amundsen?

Amundsen desapareció el 18 de junio de 1928 mientras participaba en una operación de rescate. Su antiguo compañero, el ingeniero italiano Umberto Nobile, se había estrellado con su dirigible Italia en el Ártico. A pesar de una amarga disputa pública entre ambos, Amundsen aceptó unirse al rescate. Despegó de Tromsø en un hidroavión Latham 47 con mal tiempo. A las tres horas de vuelo, se perdió la comunicación. Nunca se encontraron restos del avión ni su cadáver. Se cree que se estrelló en el mar de Barents, cerca de la isla Bjørnøya.

5. ¿Cuál es el legado de Roald Amundsen?

Amundsen fue el primer hombre en alcanzar el Polo Sur (1911), el primero en atravesar el Paso del Noroeste (1906), el primero en sobrevolar el Polo Norte en dirigible (1926) y el primero en estar sobre ambos polos. Su legado no es solo geográfico, sino metodológico: demostró que la preparación minuciosa, el aprendizaje de las culturas locales (como los esquimales) y la elección de los medios adecuados (perros en lugar de caballos, esquíes, ropa de piel) eran más importantes que el valor o la heroicidad. Su éxito frente a la tragedia de Scott marcó un antes y un después en la exploración polar. Sin embargo, su legado también incluye controversias: su carácter autoritario, los conflictos con su tripulación y el sacrificio de perros durante la expedición al Polo Sur le valieron críticas. Aun así, sigue siendo el explorador polar más completo de la historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *