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Por Anette Espinosa

La Habana.- Leonardo Padura acaba de recibir el Premio Liber 2026 y, como era de esperar, aparece satisfecho, agradecido y orgulloso de representar a la literatura cubana. Hasta ahí, nada que objetar. El problema empieza cuando habla de las condiciones en las que escribe y reduce una tragedia nacional a una frase casi doméstica: “todos los problemas de electricidad y de agua que hay en Cuba”.

¿Todos los problemas? No, Padura. El problema de Cuba no es solamente que se vaya la corriente o que falte el agua. El problema es mucho más profundo: es un país gobernado durante décadas por una dictadura que ha convertido la escasez, la censura, el miedo y la falta de libertades en parte de la vida cotidiana. Y ahí es donde uno espera que un escritor de su talla, acostumbrado a investigar la verdad, la culpa y el peso de la historia, se moje un poquito más.

Resulta curioso que Padura esté escribiendo precisamente ahora una novela sobre Cuba mientras vive en carne propia los apagones, la falta de agua y todas esas desgracias que padecen millones de cubanos. Eso puede terminar siendo una obra extraordinaria si decide contar la Cuba real, la que está detrás de las estadísticas y de los discursos oficiales. La Cuba de una madre que no puede conservar la comida porque no tiene corriente. La Cuba de un enfermo que necesita medicamentos. La Cuba de un pueblo que puede pasar horas y hasta días sin electricidad. La Cuba de los que quieren marcharse porque no ven futuro.

EFE ha documentado que la crisis energética se explica tanto por factores externos como por la obsolescencia de las centrales y la falta crónica de inversiones. Ahí tiene Padura una novela servida en bandeja. Solo falta que no le quite las páginas incómodas.

Y es precisamente aquí donde discrepo de la posición que suele mantener Padura frente al régimen. Ser un escritor cubano que vive en Cuba tiene mérito, nadie se lo puede negar. Pero vivir dentro de la isla tampoco debería convertirse en una especie de argumento para esquivar las preguntas más incómodas.

Si el escritor habla de los problemas de electricidad y agua, también tendría que hablar de quién gobierna, de por qué después de tantos años el país está en semejante estado y de qué responsabilidad tienen quienes han tomado las decisiones.

Culpar únicamente a factores externos resulta demasiado cómodo. El propio panorama energético demuestra que existe una combinación de presión externa y problemas estructurales internos. Y si Padura quiere escribir una novela sobre la Cuba de hoy, sería una pena que terminara convirtiendo la tragedia en simple paisaje, como si los apagones hubieran aparecido por generación espontánea.

Lo interesante de su nueva novela, precisamente, puede estar en todo lo que todavía no ha dicho. Padura asegura que escribe bajo las mismas dificultades que sufre el cubano común. Perfecto. Entonces que abra la ventana de esa novela y deje entrar toda la desgracia. Que aparezcan los apagones interminables, las colas, la falta de alimentos, el deterioro de los hospitales, el éxodo, el miedo y también esa sensación de cansancio que tiene una sociedad que lleva demasiados años esperando una solución.

En julio, EFE describía una Cuba con protestas diarias por falta de corriente y comida, además de un aumento de los presos por motivos políticos. Todo eso también es Cuba. Y sería extraño que un escritor cuya obra ha indagado precisamente en la verdad y en el peso de la historia decidiera mirar para otro lado cuando la historia le está tocando la puerta de su propia casa.

Padura tiene ahora una oportunidad enorme. El Premio Liber reconoce su trayectoria, pero la verdadera prueba será esa novela que está escribiendo en medio de la Cuba de los apagones y de los problemas con el agua.

Ahí podrá demostrar si quiere contar solamente la dificultad de vivir bajo una crisis o si está dispuesto a contar también las causas, las responsabilidades y el sistema que llevó a la isla hasta este punto. No hace falta que nadie le escriba el final.

Basta con que mire alrededor. La Cuba que tiene delante ya parece una novela. Solo falta que Padura tenga el valor de escribirla completa, sin quitarle los capítulos que incomodan a quienes llevan demasiado tiempo mandando.

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