
Ni un crimen más, ¿dónde está la policía?
Por Jorge Sotero ()
La Habana.- El reparto Escambray, en Santa Clara, amaneció con un cadáver más. El nombre de la víctima no importa —aunque importa— porque en Cuba los nombres de los muertos ya no caben en los titulares: Rolando Sabaro, dicen algunos; Roberto Zavalo, dicen otros. Lo que sí se sabe es que la muerte llegó en casa, con la esposa, la suegra y un cuñado metidos en el embrollo, y la policía, como siempre, llegó después de que el muerto ya estuviera frío -a pesar de llamadas de auxilio de este- y los vecinos, con el miedo pegado a los huesos, empezaran a preguntarse quién será el próximo.
En Güines, Mayabeque, la doctora Yanelkys Alonso Valdés, de 55 años, no llegó a atender su último parto. La mató su expareja en su propia casa, y también dejó mal heridos a la madre de la médico y a otro familiar, ambos galenos. Un feminicidio más en un país donde ya van 44 en lo que va de año. Y mientras la sangre aún no se ha secado en el piso de Güines, en Guanabacoa encuentran el cuerpo de un hombre con el rostro destrozado a golpes y el sello de un robo detrás. Otro más. Otro nombre que se suma a la lista de los que el régimen prefiere no contar.
Los que sí cuentan son los que roban. En Las Tunas, en el parqueo del hospital, asesinaron a un custodio y se llevaron once motos, tres triciclos y la dignidad de los que ya no pueden ni trabajar tranquilos. Los datos de la organización Cubalex son escalofriantes: julio de 2026 fue el mes más violento desde que empezaron a contar, con 168 actos de violencia y 37 homicidios documentados en un solo mes.
Los datos son espeluznantes
Desde 2023 ya suman 2.932 incidentes de violencia e inseguridad, incluyendo 736 homicidios. El país se ha convertido en una escena del crimen y la policía, la misma que no falta a su cita frente al teatro de la Universidad Central de Las Villas para impedir que el pueblo escriba consignas contra el gobierno, no aparece cuando se trata de proteger vidas.
Y mientras los números crecen, los crímenes contra los más vulnerables se multiplican. En Holguín, Johnny Luis Quevedo Inza fue detenido por golpear brutalmente a su hijastro de dos años, que permanece hospitalizado en estado grave. También agredió al hermanito de cuatro. En San Miguel del Padrón, Joandryz Monte Álvarez golpeaba a su esposa y, en el mismo arrebato, dejó grave a la hija de esta, una niña de 11 meses. La policía, siempre lista para perseguir al que protesta, no puede detener a un maltratador que golpea a un bebé. O no quiere.
La inacción policial no es un fallo. Es una política. Mientras una patrulla vigila de manera permanente el teatro de la Universidad Central de Las Villas para que nadie escriba un letrero contra el gobierno, o se aposta en Matanzas para vigilar a Alina Bárbara López Hernández cada día 18 de cada mes, el resto del país se ha convertido en un territorio donde es casi imposible vivir sin mirar por encima del hombro. Los que deberían proteger se dedican a perseguir, y los que roban y matan saben que pueden hacerlo con impunidad.
¿Hasta cuándo? La pregunta ya no es retórica. La sangre sigue corriendo y la policía sigue de brazos cruzados, esperando el próximo crimen para no hacer nada. El régimen ha abandonado a su pueblo, y los cubanos, una vez más, estamos solos frente al peligro. Ni un crimen más. ¿Dónde está la policía?



















