¿De verdad hay que destruir a Cuba para liberar a Cuba?

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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- ¿Será que todavía hay cubanos que creen que una intervención estadounidense para extirpar el cáncer castrista tendría que hacerse lanzando bombas indiscriminadamente sobre la población civil y asesinando inocentes que nada tienen que ver con la represión del régimen? ¿Será que esa es la realidad que tenemos que asumir para liberar a Cuba del desastre nacional en que la han convertido?

Sí, los hay. Y los hay porque se dejan llevar por la propaganda de la dictadura. Creen ciegamente que, para sacar al castrismo del poder, primero hay que destruir el país y bombardear indiscriminadamente a la población civil. Ese cuento se lo repiten cotidianamente al pueblo y, como muchos no tienen otra referencia que la propaganda oficial del Estado, terminan creyéndoselo.

Pongamos como ejemplo lo que ocurrió en Venezuela. ¿Cuántos civiles murieron durante la extracción de Maduro del búnker donde se escondía? Ninguno. Murieron quienes supuestamente lo estaban protegiendo, que, dicho sea de paso, eran cubanos que perdieron la vida defendiendo al dictador.

Dicho lo anterior, voy a decir lo que creo que sucedería en Cuba.

En Cuba

Ningún funcionario cubano estaría dispuesto a sacrificar su vida por defender el desastre en que se ha convertido el país, porque saben perfectamente que el régimen de La Habana es un desastre y que quienes lo han llevado hasta allí no merecen que ellos entreguen su vida por defenderlos.

Los miembros de la Asamblea Nacional son, en mi opinión, rehenes ideológicos. Los mandos bajos de la dictadura también saben lo que ocurre, y el pueblo lo sabe aún mejor. De manera que, llegado el momento de un cambio, muchos cambiarían de casaca.

El gobierno estadounidense sabe —o debería saber— que no necesita destruir a Cuba para poner fin al régimen. Bastaría con neutralizar su capacidad militar y sus principales estructuras estratégicas, como bases militares, aeropuertos de importancia y sistemas de defensa. Sin esa capacidad, al régimen no le quedaría más alternativa que levantar la bandera blanca, porque sus dirigentes saben que el pueblo no los apoya y que, en una situación así, la retórica propagandística dejaría de servirles.

No creo que necesariamente vaya a suceder lo mismo que ocurrió en 1898. La situación actual es diferente y, sobre todo, el régimen cubano está profundamente agotado. Por eso, una eventual intervención estadounidense podría ser mucho más sencilla de lo que algunos imaginan, incluso más parecida a lo ocurrido en Granada que a una guerra prolongada.

Si alguien lo duda, que le pregunte al general Tortoló.

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