
Díaz-Canel le puso la tapa al pomo
Por Max Astudillo ()
La Habana.- El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, concedió una entrevista al diario brasileño Folha de S.Paulo que bien podría titularse «El arte de la mentira repetida hasta el cansancio». La periodista Mônica Bergamo, a diferencia de otros entrevistadores que han pasado por La Habana con el librito de preguntas consensuadas, tuvo el descaro de ponerlo entre la espada y la pared. Y el mandatario, como buen alumno de la escuela castrista, respondió con el mismo libreto de siempre: el bloqueo, el imperialismo, la resistencia heroica. Pero lo que no pudo ocultar fue la fragilidad de sus argumentos y la distancia abismal que lo separa de la realidad que vive el cubano de a pie.
Díaz-Canel afirmó, con esa solemnidad que solo los dictadores pueden permitirse, que él y su esposa están dispuestos a dar la vida por la revolución y a morir peleando, a diferencia de lo que ocurrió con Maduro. Bonito discurso. Pero mientras el matrimonio presidencial se prepara para el martirio, el pueblo cubano se prepara para sobrevivir otro día sin luz, sin agua, sin comida.

La heroicidad es muy fácil de proclamar cuando tienes asegurados los privilegios, cuando nunca has hecho una cola de tres horas bajo el sol para comprar un pan que no llega. La muerte en el campo de batalla es un lujo que solo pueden permitirse los que nunca han conocido el hambre.
Mentira tras mentira
Insistió en que los apagones son culpa exclusiva del bloqueo de Trump y que sin él solo habría tres horas de corte eléctrico. Otra mentira. Los apagones en Cuba vienen de mucho antes del segundo mandato de Trump, de décadas de desidia, de inversiones en hoteles vacíos mientras las termoeléctricas se pudrían, de un sistema que prefirió financiar guerras en África antes que mantener una red eléctrica funcional.
El bloqueo existe, es real, pero no explica por qué las calderas explotan y los transformadores revientan. Esa es obra exclusiva del socialismo cubano, en su versión más incompetente.
El mandatario sostuvo que los hospitales no pueden prestar servicios por culpa del bloqueo. Falso. Los hospitales cubanos están descojonados desde hace décadas, mucho antes de que Trump regresara a la Casa Blanca.

No hay medicinas porque el gobierno no las compra, no hay material quirúrgico porque los recursos se desvían a otros fines, no hay personal suficiente porque los médicos se van a países donde se les paga y respeta. El bloqueo no explica las salas de espera sin agua potable ni las camas sin sábanas. Esa es la gestión de un régimen que ha convertido la salud pública en una ruina.
Es incapaz de ver hasta dónde ha llevado a Cuba
Cuando la periodista le preguntó por el paquete de 176 medidas económicas, que muchos han calificado como más capitalistas que socialistas, Díaz-Canel se acaloró y aseguró que son para «más socialismo». Una joya de cinismo. Las mismas medidas que abren espacio al sector privado, permiten la inversión extranjera y autorizan la creación de conglomerados son, según él, una profundización del socialismo. Es como decir que el agua es seca.
Sin embargo, el presidente insiste en que la justicia social sigue siendo el principio central, mientras cientos de miles de ancianos viven en la miseria, familias enteras no tienen qué comer y los niños no tienen maestros que den clases. La justicia social, en Cuba, es un concepto selectivo: existe para los de arriba.

La realidad es tozuda. Cuba no tiene base económica porque el gobierno ha sido incapaz de solventar su economía. Las diferencias sociales en la isla son más marcadas que en cualquier otro país del mundo: un mínimo de ricos —los dirigentes, los generales, la familia Castro y sus adláteres— y un porcentaje enorme de pobres, incluso de indigentes. Mientras los burócratas se bañan en lujos y viajan por el mundo, el pueblo se muere de hambre. Díaz-Canel puede seguir echándole la culpa al bloqueo, pero la verdad es que su régimen ha convertido a Cuba en un erial. Y él, desde su burbuja de privilegios, ni siquiera es capaz de verlo.



















