La FMC: ni las federadas se acordaron

Comparte esta noticia
Escuchar este artículo
Audio completo disponible.

Por Anette Espinosa

La Habana.- Hoy es el Día de la Federación de Mujeres Cubanas y, según parece, ni las propias federadas se acordaron del cumpleaños. Antes aquello era una algarabía: acto político, consignas, flores de plástico, cuatro discursos y una caldosa de CDR donde aparecía hasta el vecino que llevaba tres meses sin pagar la cuota. Ahora no hubo ni caldosa, ni entusiasmo, ni ganas de fingir. La FMC llegó a su aniversario con la misma energía de una termoeléctrica cubana: apagada y esperando un milagro.

Pobre Vilma Espín. Si la señora pudiera darse una vuelta por la Cuba de hoy, seguramente pediría que la regresaran a su mausoleo. Fundó una organización que durante décadas fue presentada como la vanguardia femenina de la revolución y terminó convertida en una especie de decoración institucional, útil para las reuniones, las consignas y las estadísticas del Granma. Las federadas de ahora tienen otros asuntos: conseguir comida, resolver medicamentos, buscar agua, inventar un dólar y ver de qué manera mandan a sus hijos para España, Estados Unidos o Marte.

Y ni siquiera queda la caldosa. Eso sí es grave. Cuba puede quedarse sin arroz, sin pollo, sin gasolina y sin corriente, alguien siempre encontraba una caldosa para celebrar cualquier cosa. Cumpleaños del CDR, aniversario de la FMC, reunión del Partido, visita de un funcionario: caldosa para todos. Ahora hasta el caldero parece haber solicitado salida definitiva del país. Si mañana anuncian que se acabó la caldosa, nadie se sorprenderá. La revolución también logró destruir una de las pocas cosas que todavía reunían al barrio.

Tampoco queda mucho de los recorridos presidenciales por los municipios. Canel antes aparecía por algún lugar con una comitiva detrás, mirando una fábrica destartalada, conversando con un productor sin plátanos y prometiendo soluciones que nunca llegaban. Ahora hasta esas visitas parecen haberse ido de vacaciones. El país se cae a pedazos y la dirección del Gobierno descubrió que recorrer municipios gasta combustible. Mejor quedarse en La Habana, desde donde los apagones se ven igual de lejos.

Así termina otro aniversario de la FMC: sin fiesta, sin caldosa, sin entusiasmo y con las mujeres cubanas haciendo malabares para sobrevivir a una revolución que ya no sabe ni celebrarse a sí misma. Vilma debe estar mirando desde algún lugar y preguntándose qué carajo hicieron con su federación.

Quizás la respuesta sea sencilla: hicieron lo mismo que con todo lo demás. La dejaron morir poquito a poquito, hasta que un día llegó su aniversario y nadie se acordó.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *