
«¡Votó!» y la verga dibujada: la farsa del referéndum constitucional cubano
Por Hermes Entenza ()
Núremberg.- No quieras tú ver cómo decoré y dibujé, con la misma pasión de los iluminadores medievales, la boleta en el Referéndum Constitucional de Cuba 2019. Seguramente otros sí lo vieron y lo compararon con esos otros dibujos groseros que aparecían en mi circunscripción cada vez que se convocaba un circo de supuestas elecciones.
Pero yo era solo uno dibujando vergas (bah, falos, trancas, pingas enhiestas) encerrado en ese cuartico, con una mesita pequeña y una grosera cortina. Doblaba la boleta y, con lástima, saludaba a esos pobres niños que, parados al lado de la urna, gritaban: ¡Votó!
Otros miles de cubanos también demostraron su inconformidad. La estrategia popular era la siguiente: «No dejar la boleta en blanco, porque ellos la marcan a su conveniencia. Si deseas que sea cancelada, debes marcar todas las casillas con tinta o garabatear el papel de manera que sea inutilizable».
Aquella votación del 2019 fue una trampa para desatar la represión que llegó después. No imaginabas lo que te venía encima arrolladoramente: el país ya estaba en quiebra —siempre estuvo en quiebra— y llegó la COVID arrasando con todo. El resto del mundo también sufrió pérdidas, pero en meses todo estaba en orden; quizás los precios aumentaron, pero la gente sanó, trabajó y la pandemia pasó a la historia. Cuba no pudo salir del bache porque siempre vivió de menesterosa, con inyecciones foráneas, donativos de sobrevivencia y lastimosos regalitos para el pueblo infeliz que no tenía arroz, ni frijoles y, asombrosamente, ni azúcar.
¿Qué el pueblo te quiere en el poder…?
Ahí comenzó tu grandísimo problema: comenzaste a mover hilos fatales para rearmar la economía utilizando al peor equipo de especialistas que jamás ha habido en la historia de un país. De tal envergadura fue el fracaso económico y político, que el pueblo se tiró a las calles con una animosidad nunca antes vista, pidiendo libertad; pero diste la orden de combate de cubano contra cubano. ¿Tu mayor logro? Que las manifestaciones no cesan, como tampoco cesa la represión, las golpizas y un número cada vez mayor de presos políticos, incluidos menores de edad.
Hoy aseguras que estás en el poder «porque el pueblo lo quiere». Es muy fácil decirlo frente a grupos de fanáticos mexicanos y españoles que viven en democracias y que nunca vivirían en un país como Cuba, donde disentir es el pecado mayor, mucho más peligroso que matar, robar o violar mujeres.
¿Por qué no convocas a elecciones libres, con todos los cubanos de dentro y de fuera? Deberías hacerlo para que te limpies un tin y, claro, con una supervisión internacional que impida el fraude tan habitual en regímenes totalitarios, como hizo Maduro en Venezuela y tú felicitaste con gracia y complicidad.
¡Vamos, convoca a un plebiscito!
He visto reacciones de seguidores tuyos, felices porque en Estados Unidos salieron a la calle nueve millones de ciudadanos en contra de Trump. Vale, no lo veo mal; pero USA tiene 348 millones de ciudadanos. Además, esos que salen a la calle en contra del presidente de turno y del «establishment» regresan a sus casas y continúan viviendo y haciendo activismo y tú, apaleas a los tuyos con odio y miedo.
¿Has pensado en algún momento que hubo una cantidad considerable de cubanos que se opusieron en el 2019? Esos para ti no valen un centavo. Ahí está tu problema. Sabes que, si en el referéndum de ese año tuviste una oposición —vaya Dios a saber cuántos fueron en verdad—, si convocas hoy un plebiscito vas a tener que pedir un puesto de trabajo de ayudante en una fábrica de serpentinas para carrozas de carnaval. Pero ese es tu deber como presidente que, de hecho, ni fuiste electo por el pueblo: convocar, como sucede en cualquier país decente, a elecciones libres, limpias y sin tapujos.
Hazlo. Convoca un plebiscito donde todos los nativos podamos votar. Yo no dibujaría vergas medievales.






