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Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Ayer la atención se centró, con razón, en el bote pesquero baleado por la dictadura cubana. Pasó desapercibida una noticia que es grave: la administración de Donald Trump va a flexibilizar las restricciones para que vuelva a llegar petróleo venezolano a Cuba bajo la etiqueta de que es «para el sector privado».
Esta administración no sabe, o no le han dicho, que el llamado sector privado funciona dentro un corral diseñado por el régimen, donde agentes de la seguridad, represores y testaferros se hacen pasar por emprendedores. Esto está más que demostrado. Al final, el combustible va a fortalecer el sistema de represión y negocios como los de Sandro Castro y el Cangrejo.
Criticamos a la administración de Joe Biden por medidas que terminaron potenciando intermediarios y agentes conectados con el régimen. Ahora la pregunta es: ¿se está repitiendo el mismo patrón? Se alivian presiones sin exigir cambios reales. Se envía la señal de que pueden obtener oxígeno sin pagar costo político.
La respuesta del régimen a cualquier gesto de alivio no ha sido negociación ni apertura. Ha sido represión. No han liberado a un solo preso político. No han dado una sola señal seria de transición. Todo lo contrario: endurecen el control interno y se permiten disparar contra una embarcación civil.
Se creía que con Marco Rubio en una posición clave no habría espacio para engaños. Se pensaba que alguien que conoce las artimañas de la dictadura sabría identificar cada maniobra. Aflojar medidas sin exigir liberaciones, sin exigir derechos básicos, sin exigir cambios verificables, envía el mensaje equivocado.