
Fiscalía archiva causa contra Anna Bensi, pero denuncia presiones y amenazas tras interrogatorio
Por Yeison Derulo
La Habana.- La historia vuelve a repetirse en Cuba, con otros nombres, pero con el mismo guion de siempre. Esta vez, la Fiscalía Provincial de La Habana decidió archivar de manera “definitiva” la causa contra la creadora de contenido Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, y su madre, Caridad Silvente.
Un caso que, desde marzo, se había inflado bajo el supuesto delito de “actos contra la intimidad personal y familiar”, tras la difusión de un video donde aparecía identificado un agente policial. Al final, como tantas otras veces, el proceso se desinfla en los papeles… pero no en la realidad.
«Hoy, la conclusión del interrogatorio con la Contrainteligencia de la Dictadura Cubana fue manipularme a través de un guion amistoso mostrando preocupación por mí y reclutarme a través de la música y que me calle, o reunirme con mi hermana y mi mamá o lamentar que pase mis días de la juventud encerrada en una prisión penitenciaria», dijo Anna Bensi en Facebook .
«Jamás he caído en delito alguno. Como tampoco soy líder de nada, ni pertenezco a nada y mucho menos me dejo manipular por nadie», añadió.
En Cuba, que te archiven una causa no significa que te dejen en paz. Significa, en muchos casos, que empieza otra etapa, más silenciosa y más peligrosa. Con la decisión de la Fiscalía se levantaron las restricciones: se acabó la reclusión domiciliaria y también las limitaciones migratorias. Sobre el papel, Anna Bensi y su madre volvían a la normalidad, pero cualquiera que haya pasado por un proceso similar sabe que la normalidad, en este país, es una palabra bastante elástica.
El episodio más delicado llegó justo después de esa “buena noticia”. Según el testimonio de la joven, tras ser notificada en la estación policial de Alamar, fue conducida a una oficina donde tres oficiales de la Seguridad del Estado —vestidos de civil, como manda el libreto— la sometieron a un interrogatorio de más de dos horas. No era un trámite, no era rutina: era presión pura y dura. Dejar claro quién manda, quién pone las reglas y hasta dónde puedes llegar antes de pagar las consecuencias.
El mensaje, según relató la propia Anna, fue directo, sin matices y sin mucha poesía: “Te callas, o te vas del país, o colaboras con nosotros, o vas presa”. Así, sin anestesia. En medio de ese escenario, incluso le sugirieron que abandonara sus denuncias públicas y se enfocara en su carrera musical, con la promesa —implícita, claro está— de cierto respaldo institucional. El viejo método: te doy una salida cómoda si decides no molestar.
«Lo que he hecho, desde el día uno, ha sido por convicción. Y porque tengo fe en que la verdad tiene que triunfar. Expresar mi posición política y mi pensamiento acerca de mi realidad en Cuba no es delito», enfatizó .
¡Basta ya de represión! Yo no voy a esconder lo mal que me siento con toda esta situación, porque lo han vuelto personal. Y todas estas injusticias solo demuestra lo que tanto niegan ser: una dictadura», concluyó Bensi.
Lo ocurrido con Anna Bensi no es un hecho aislado, ni mucho menos. Es la fotografía de un sistema que juega a dos bandas: por un lado, intenta maquillar su imagen con decisiones judiciales “favorables”; por el otro, mantiene intacto el mecanismo de intimidación para controlar cualquier voz incómoda.
Hoy fue ella. Mañana puede ser cualquiera. En Cuba, más allá de lo que diga un documento oficial, la verdadera sentencia muchas veces se dicta en una oficina cerrada, sin testigos y con tres tipos vestidos de civil.



