
Vándalos sin vidrieras: la mentira del régimen que teme a los jóvenes
Por Max Astudillo ()
La Habana.- El presidente Miguel Díaz-Canel, o el que al menos eso se cre, en su reciente entrevista con NBC, volvió a cometer el mismo error de todos los funcionarios del castrismo: confundir la ausencia de pruebas con la solidez de sus argumentos.
Decir que en Cuba no hay presos políticos es como afirmar que en La Habana no hay sol en julio. Es una declaración que ofende la inteligencia de cualquiera que haya seguido el más mínimo rastro de la realidad cubana en la última década.
Los presos políticos existen, señor Díaz-Canel, y no son inventos de Miami ni de la ultraderecha. Son hijos de esta tierra, jóvenes y viejos, negros y blancos, creyentes y ateos, que un día decidieron alzar la voz y el régimen les respondió con una celda.
Usted dijo que esas personas están encarceladas por «actos vandálicos». Ahora bien, ¿cuál fue el acto vandálico de Jorge y Nadir Martín Perdomo? ¿Romper el silencio? ¿Organizar una marcha pacífica? ¿Pedir comida, libertad y un futuro distinto?
Lo que de lo que ocurrió el 11 de julio de 2021 en San José de las Lajas no hay un solo video, ni una sola foto, ni un solo testimonio creíble (https://elvigiadecuba.com/ada-toledo-la-represora-que-se-encarno-con-los-hermanos-martin-perdomo-se-fue-de-cuba/) que muestre a esos dos muchachos incendiando un autobús o saqueando una tienda. Lo que sí hay son miles de personas caminando juntas, sin más armas que su hartazgo, pidiendo el fin de una dictadura que los condena a hacer colas desde que nacieron.
La culpa… el liderazgo
Los hermanos Martín Perdomo no robaron un peine, no voltearon un patrullero, no agredieron a ningún funcionario. Fueron apresados porque tienen liderazgo. Porque en un país donde el régimen ha secuestrado la palabra «revolución» para justificar el hambre y la represión, la sola existencia de dos jóvenes con arraigo popular, con capacidad de convocar, con una madre valiente, constituye un peligro mayor que cualquier piedra en una vidriera. Y eso, señor Díaz-Canel, es lo que usted no puede decir en la entrevista con NBC: que en Cuba el delito verdadero no es vandalizar, sino despertar conciencias.
Usted mencionó que los presuntos presos políticos dan sus criterios. Sí, los dan. Los dan en tribunales amañados, esposados, con fiscales que leen guiones escritos en el buró político. Los dan en cartas de prisión que sus familiares sacan a escondidas. Los dan con la garganta rota de tanto gritar que son inocentes. Dar criterios no es un acto de rebeldía en una democracia; es un derecho.
En Cuba, dar criterios es un delito que se paga con años de cárcel, aislamiento y tortura psicológica. Usted lo sabe, y sin embargo insiste en llamar «actos vandálicos» al simple ejercicio del pensamiento crítico.
La madre de Jorge y Nadir,Marta Perdomo, se llama como tantas madres cubanas que no aparecen en los discursos oficiales. Podríamos compararla con Mariana Grajales, porque supo parir hombres libres; con Leonor Pérez, porque el dolor no le dobló la entereza; con Laura Pollán, porque no negoció la dignidad nunca. Pero usted, presidente, no entiende de esas mujeres.
Usted entiende de poder, de censura, de condenas ejemplarizantes. Por eso, mientras siga en el cargo, seguirá llamando «vándalos» a los líderes, «delincuentes» a los soñadores, y «actos vandálicos» a las marchas pacíficas de un pueblo que solo pide dejar de ser pobre en su propia tierra.






