Condenada por desacato, perseguida por venganza: el caso Campuzano y los hijos rehenes del régimen

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Por Pablo Al fonso ()

Santiago de Chile.- No se trata solo de disentir. En Cuba, criticar al poder es exponerse —dentro y fuera de la isla— a un sistema que no perdona la voz incómoda. Y cuando no puede silenciar directamente al denunciante, recurre a un método más perverso: castigar a los que dejó atrás.

El caso de Armando Campuzano, exnarrador deportivo de la televisión cubana, ilustra con crudeza ese patrón. Lleva más de ocho años en el exilio, radicado en Canadá, desde donde ha mantenido una denuncia constante contra el régimen. No es un activista de ocasión: ha alzado su voz frente a la embajada cubana, ha acompañado a otros opositores y ha repetido, incansable, una consigna que el poder en La Habana considera subversiva: Libertad!

Pero el punto de quiebre llegó con la publicación de su libro Cuba: el Titanic del Caribe, una obra que disecciona más de seis décadas de control, represión y desgaste social bajo el sistema comunista. Lo que no pudo frenarse en territorio extranjero encontró, sin embargo, un blanco mucho más vulnerable dentro de la isla. La respuesta no fue un debate, ni una refutación, ni siquiera el silencio. Fue la represalia.

Wendoline Campuzano Almaguer, hija del exnarrador, enfrenta ahora el peso de la maquinaria judicial cubana. Acusada de desacato —una figura legal tan elástica como conveniente—, se le pide una condena de seis años de privación de libertad

La policía detrás

El argumento formal gira en torno a la posesión del local (https://www.facebook.com/reel/782647158036403) donde reside, pese a que, según las denuncias, toda su documentación está en regla. Pero el trasfondo revela otra historia. Bajo su vivienda residen dos miembros de la policía revolucionaria

No es un detalle menor: estos agentes han aprovechado su posición para presionar, hostigar y, en última instancia, intentar despojarla de su propiedad. La coincidencia con las críticas de su padre no parece, en este contexto, una casualidad.

Condenada por desacato, perseguida por venganza: el caso Campuzano y los hijos rehenes del régimen

El juicio, previsto para este miércoles, no se presenta como un ejercicio de justicia, sino como uno de esos procesos que en Cuba cargan con el adjetivo de “amañados” incluso antes de iniciar. Porque cuando la sentencia parece escrita de antemano, el tribunal deja de ser árbitro y se convierte en instrumento.

Y en medio de esta ecuación política aparecen tres nombres que deberían bastar para frenar cualquier abuso: Yaser, de 12 años; Isabella, de 5; y Rebeca, de apenas 3. Son los hijos de Wendoline. Son también las víctimas colaterales de un conflicto que no eligieron.

La maldad del régimen

Si su madre es encarcelada, el destino de estos niños podría quedar en manos del Estado, en esas instituciones que el discurso oficial llama “casas de la patria”. Un eufemismo que, en la práctica, significa separar a una madre de sus hijos por razones que nada tienen que ver con el bienestar infantil.

Aquí no hay delito que justifique el desgarro familiar. Hay, en cambio, una lógica de poder que busca disciplinar a través del miedo, enviar un mensaje claro a quienes, desde el exilio, creen estar fuera de alcance: nadie está realmente a salvo si deja raíces en Cuba.

El régimen no necesita responderle a Campuzano directamente. Le basta con tocar donde más duele. Porque en esa estrategia, el objetivo no es solo castigar, sino también advertir. Y así, una vez más, la política se entromete en la vida privada, convierte un hogar en campo de disputa y a tres niños en rehenes silenciosos de una confrontación que jamás debió involucrarlos.

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