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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- Que necesitemos poco para vivir no significa que nos nieguen lo mínimo para hacerlo. Que otros te sacrifiquen no es virtud, como tampoco lo es el sacrificio inútil. No hay dignidad en ninguna de las dos cosas.

No la hay en el empobrecimiento, ni en la pobreza impuesta. No la hay en la opresión política.

No somos nosotros quienes carecemos de virtud o de dignidad; aunque nos falte sentir más asco, más indignación.

No es que no pudieran cumplir, ni siquiera que fracasaran; es que traicionaron a los pobres en Cuba, es que los están traicionando.

Esto no será nuestro epitafio, será el vuestro.

No tenemos por qué seguir dejando a nuestros hijos e hijas atrás, a nuestros padres y hermanos. ¿A cuántos más dejaremos atrás antes de decir basta a lo que es inadmisible? La patria no es dejar atrás lo que amamos, a los que amamos.

¿Qué patria es esa en que los hijos crecen sin sus padres, en que los padres envejecen y mueren sin sus hijos?

¿Qué patria es esa en que la prosperidad probable es a cambio del desarraigo, de la soledad y la ausencia?

¿Por qué tiene que ser esa nuestra patria cuando es lo que experimentamos a cambio de vuestro poder?

¿Qué poder es ese que no se detiene ante el dolor y la tristeza que causa generación tras generación, insaciable, insatisfecho siempre, como si fuera poco todo lo más preciado que ya se le entregó?

No tenemos por qué renunciar a la felicidad, al sagrado ejercicio del derecho al futuro, a decidir el futuro, el nuestro.

Es esto por lo que luchamos.

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