Ni Haití se atrevió a tanto

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La dictadura cubana ha llegado a un punto tan extraordinario que ahora tiene que celebrar que unos italianos le junten 375 mil euros para poner paneles solares en hospitales, centros culturales y lugares destinados a producir alimentos.

Cuba, potencia energética mundial según la televisión, necesita que desde Italia le pasen la mano para encender las luces. Ni a Haití le deben estar pidiendo semejante favor. El país que durante décadas presumió de médicos, educación gratuita, soberanía y dignidad revolucionaria terminó haciendo una colecta internacional para comprar paneles.

Lo más gracioso es la ceremonia. Díaz-Canel recibe a los italianos, agradece la solidaridad, habla de vínculos históricos y presenta aquellos panelitos solares casi como una conquista de la revolución. Trescientas setenta y cinco mil razones para sonreír en un país donde millones de cubanos pasan horas mirando al techo cuando se va la corriente. Ya uno imagina al presidente inaugurando un panel fotovoltaico con una tijera, una bandera cubana y una banda de música: “Compañeros, hemos derrotado al apagón número 14 del día”. Tremenda hazaña.

La campaña italiana ha permitido instalar sistemas fotovoltaicos en diez instituciones de La Habana, Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma. También llegarán medicamentos y útiles escolares. Todo eso es bienvenido para quien lo necesita, faltaría más. Lo que resulta surrealista es que un gobierno que lleva más de seis décadas hablando de independencia económica termine agradeciendo que extranjeros le lleven electricidad solar, medicinas y material escolar. Solo falta que mañana llegue una delegación de Mozambique con una carretilla de bombillos y la prensa oficial anuncie otra victoria histórica.

El asunto ya no es tener apagones: el asunto es la capacidad infinita del régimen para convertir una carencia en un acto de celebración. El cubano necesita electricidad y el gobierno le presenta un panel donado desde Italia. Necesita comida y aparecen discursos sobre soberanía alimentaria. Necesita medicinas y llegan caravanas de solidaridad. Necesita respuestas y recibe una reunión.

A este paso, la próxima gran obra de la revolución será conseguir que alguien done una extensión eléctrica para conectar el país entero. Luego Díaz-Canel saldrá en televisión, sonriente, para explicar que aquello demuestra la fortaleza de Cuba.

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