La utopía del Singao

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Hay que tener la cara de cemento para pararse frente a una cámara y soltar semejante justificación, y la cara de lástima que pone, a cualquiera le saca las lágrimas.

HDLGP, hay un pueblo muriendo por culpa de ustedes.

Resulta que ahora, después de más de seis décadas de discursos, de «patria o muerte», de libretas de abastecimiento cada vez más vacías y de apagones que duran más que un día de trabajo, el «puesto a dedo» sale a confesar lo que todo el mundo sabe, que no tienen la menor idea de cómo se construye el socialismo.

Se cayó de la mata igual que Israel Rojas.

Dice el hombre, con su cara de «yo no fui», que ellos han estudiado la teoría marxista, la revolución rusa y todos los manuales habidos y por haber. Pero que, ¡ay, pobrecitos!, nadie les puede enseñar cómo se hace bajo un «bloqueo». ¿A quién quieren meterle ese cuento?

Vamos a hablar en buen cubano y sin anestesia: Si te pasas la vida justificando que la casa se está cayendo porque el vecino te mira mal, el problema no es el vecino, es que eres un pésimo constructor. Echarle la culpa de todo al «bloqueo» (https://www.facebook.com/reel/999014346306135) es el comodín de los fracasados, de los que no producen ni una vianda, pero exigen que la gente viva de consignas.

¿Quién les va a enseñar? ¡Nadie! Porque todos los que lo intentaron terminaron en el descalabro absoluto. Europa del Este lo intentó y terminó demoliendo los muros con sus propias manos porque la gente no come ideología. Hasta el mismísimo Fidel Castro, en un raro momento de lucidez al final de sus días, llegó a admitir que «el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros mismos».

Si sabes que la fórmula da cero, que nadie en la historia de la humanidad ha logrado que ese sistema traiga prosperidad en lugar de miseria, ¿por qué sigues insistiendo en hundir al pueblo en el mismo fango? No es convicción, es el aferramiento de una cúpula que vive en una burbuja de aire acondicionado, carros modernos y buena mesa, mientras el cubano común tiene que «inventar» para resolver el desayuno.

«No se puede tapar el sol con un dedo, ¡IMBECIL!, ni el hambre con un discurso.»

Si en más de sesenta años de «experimento» lo único que se ha multiplicado es la escasez, la emigración desesperada y el desencanto, ya no es un problema de aprendizaje. Es hora de aceptar que la utopía no era un camino, sino un callejón sin salida. Al pueblo de Cuba no le hace falta que sigan estudiando manuales obsoletos; lo que le hace falta es libertad para prosperar, trabajar y vivir como personas en el mundo real. ¡VÁYANSE PA’L CARAJO!

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