
Condenan a cuatro trabajadores de un parque solar en Manzanillo por el delito de sabotaje
Por Yeison Derulo
Manzanillo.- La Sala Primera de lo Penal del Tribunal Provincial Popular de Granma condenó a penas de entre ocho y nueve años de prisión a cuatro trabajadores del parque solar fotovoltaico Las Tapias, en Manzanillo, tras hallarlos culpables del delito de sabotaje.
Según la versión oficial, los acusados extrajeron aceite dieléctrico de uno de los inversores de la instalación con la intención de obtener un beneficio económico. La acción provocó el apagado del equipo y su desconexión del Sistema Eléctrico Nacional, con afectaciones al servicio para la población.
De acuerdo con la sentencia, los hechos ocurrieron el 16 de abril de este año. La Fiscalía sostuvo que los implicados aprovecharon su condición de empleados del parque para sustraer el aceite utilizando pomos, mangueras y herramientas, al tiempo que otros dos distraían al resto de los trabajadores.
El tribunal calificó la conducta como sabotaje y no como un simple delito contra la propiedad, al considerar que existió una afectación directa a una infraestructura estratégica para el país.
Más allá de la responsabilidad individual que pueda recaer sobre los acusados, el caso vuelve a poner sobre la mesa la profunda crisis que atraviesa Cuba. El robo de combustible, cables, transformadores y piezas eléctricas se ha convertido en un fenómeno recurrente que refleja el deterioro económico y social.
Miles de ciudadanos sobreviven con salarios insuficientes, inflación descontrolada y un sistema incapaz de cubrir las necesidades más básicas, un escenario que alimenta el aumento de este tipo de delitos.
La respuesta del régimen continúa centrada en endurecer las sanciones y exhibir juicios ejemplarizantes como herramienta de intimidación. Sin embargo, castigar con largas condenas no resuelve el origen del problema.
La destrucción del sistema eléctrico, la falta de inversiones sostenidas y el colapso de la infraestructura energética son consecuencia de décadas de mala gestión estatal. Culpar únicamente a quienes delinquen resulta una forma conveniente de desviar la atención sobre la responsabilidad de quienes han administrado el país durante más de seis décadas.
El régimen insiste en presentar estos procesos como una demostración de firmeza frente al delito, aunque evita reconocer que el principal enemigo del sistema eléctrico cubano no son unos litros de aceite robados, sino el abandono acumulado de una red que se cae a pedazos.
Los apagones interminables, las termoeléctricas fuera de servicio y el creciente descontento popular no nacieron de un hecho aislado, sino del fracaso de un modelo que hace tiempo dejó de ofrecer respuestas a los cubanos.






