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Por Anette Espinosa ()
La habana.- El vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, dijo este jueves lo que muchos cubanos saben desde hace meses: la situación en la isla «se está agravando». La declaración, hecha en Moscú con la frialdad de quien observa desde lejos, es un reconocimiento oficial de que el cerco se estrecha, que las cosas no mejoran, que el panorama se oscurece.
Pero mientras Rusia habla de moderación y de evitar provocaciones, en La Habana el gobierno ofrece su propia versión de los hechos más recientes.
La víspera, el Ministerio del Interior cubano informó que una embarcación con bandera estadounidense ingresó a aguas cubanas y abrió fuego. Según el parte oficial, los guardias fronterizos respondieron y cuatro personas murieron, mientras otras seis resultaron heridas. La versión tiene todos los ingredientes de una película de acción: lancha rápida, agresores armados, respuesta heroica. Pero desde Miami llegan otras voces que cuentan una historia muy distinta.
Fuentes en el exilio aseguran que la embarcación no era una lancha rápida, sino un modesto barco de pesca con un solo motor. Puede que alguno, o algunos, llevaran armas, pero por qué no las usaron. ¿Cómo un solo herido en la patrullera cubana y seis y cuatro muertos en el bando contrario? ¿Tan eficientes son los guardacostas cubanos o estaban informados de todo y emboscaron a los que venían de EEUU? De cualquier forma, otra vez, muertos que no debieron morir.
Peskov, mientras tanto, habla de «componente humanitario» y dice que los problemas de los ciudadanos cubanos «deben resolverse». Las palabras suenan bien, pero los hechos son tozudos: México envió alimentos, Canadá prometió 5,85 millones de dólares en ayuda, y Rusia… Rusia prometió petróleo a principios de febrero, pero los apagones siguen, los barcos no llegan, la gente sigue esperando. Las promesas, como las versiones oficiales, a veces se las lleva el viento.
Y en medio de todo, la pregunta que nadie responde: ¿qué pasó realmente frente a las costas cubanas? ¿Fue un ataque o fue una desesperada huida? ¿Había armas o había solo ganas de vivir? Mientras el gobierno habla de «acción provocadora», las familias de los muertos callan, porque callar es a veces la única forma de sobrevivir en este país donde preguntar demasiado puede costar caro.
Rusia reconoce que la situación se agrava. Nosotros, los que estamos aquí, lo sabemos desde antes. Lo vemos en las colas, en los apagones, en los hospitales vacíos, en la mirada perdida de los jóvenes que ya no sueñan con futuro. Lo único que no sabemos es cuánto empeorará antes de que alguien, de verdad, haga algo para evitarlo.