
El león murió, el régimen «despertó»
Las Tunas.- El león murió en el zoológico de Las Tunas y, ante el escándalo, apareció el Gobierno Provincial con una explicación que parece escrita por la misma oficina encargada de justificar los apagones: el problema no es que el sistema haya dejado morir de hambre a un animal, el problema es que nadie avisó a tiempo.
Según la nota oficial, se dejó de alimentar a los animales durante varios días y nadie alertó a las autoridades. Es decir, el león podía morirse, siempre que alguien tuviera la delicadeza de llamar primero al puesto de mando.
La propia nota reconoce algo todavía más grave: había una Comisión de Recreación, un puesto de mando y mecanismos establecidos por el Consejo de Defensa Provincial. Todo un aparato burocrático para terminar descubriendo que a los leones les faltaba comida cuando uno ya estaba muerto.
Cuba tiene una capacidad extraordinaria para crear comisiones destinadas a vigilar problemas que nadie resuelve. Si existiera una comisión para vigilar las comisiones, probablemente tendría otra comisión supervisándola. Y al final, el león seguiría esperando el almuerzo.
Ahora el Gobierno sale a explicar que el enfrentamiento entre los felinos ocurrió después de alimentarlos y que aquello era un simple juego que terminó mal. También se apresura a negar que uno de los animales haya matado al otro para comérselo. Magnífico.
El debate nacional ya no es por qué un zoológico llegó al punto de dejar a sus animales sin alimentación durante días, sino por las intenciones gastronómicas del león. El régimen necesita convertir una tragedia de abandono en una discusión zoológica para no hablar de lo verdaderamente importante: quién permitió que esto sucediera.
Y hay un detalle que retrata perfectamente el desastre. La nota admite el deterioro y la depauperación de la instalación, aunque inmediatamente descarga la responsabilidad sobre la propia entidad, a la que corresponde reparar y mantener el lugar mediante su capacidad de generar ingresos. O sea, el zoológico tiene que producir dinero para arreglarse, conseguir comida para los animales y resolver su propia ruina.
Todo muy revolucionario: el Estado administra, supervisa, controla y, cuando las cosas salen mal, descubre que la culpa es del que está abajo. Lo más preocupante es que no se trata de un episodio aislado. Ya en febrero de este año se denunciaron animales con signos de desnutrición y abandono en el zoológico de Puerto Padre, también en Las Tunas.
Ahora prometen medidas, responsabilidades y bienestar para las especies. Ojalá esta vez alguien recuerde que un león necesita comida antes de necesitar una comisión. El animal ya no puede contar su versión de los hechos. Solo queda la imagen de una institución deteriorada y un Gobierno intentando explicar por qué nadie se dio cuenta a tiempo de que sus animales tenían hambre.
En Cuba hasta los leones terminan pagando las consecuencias de un sistema incapaz de garantizar lo más elemental. Y después de muerto el león, aparecieron los funcionarios. Esa es quizá la única especie que nunca falta en los zoológicos cubanos: el burócrata con una explicación.






