
Mamá estoy brillando y Cuba apagándose
Por Yoan Alfonso Iglesias
Matanzas.- Cuba, definitivamente, se ha convertido en un meme de mal gusto. Un país que alguna vez respiró cultura, música de la buena y escenarios donde pasaron artistas de verdad, ahora celebra con fanfarria la llegada de una sensación llamada “Mamá Estoy Brillando”.
No es una broma de TikTok. Lo anuncia un periódico provincial y lo presenta un funcionario de Cultura, con toda la solemnidad del mundo, desde el mismísimo Teatro Sauto, Monumento Nacional, nada menos. A este paso, solo falta declarar patrimonio de la humanidad al bafle de la esquina.
La noticia dice que la juventud matancera tiene una “cita imperdible” este sábado 22 de agosto. Imperdible. Esa palabra debería ser investigada por la Comisión de Patrimonio. Antes, en ese teatro, la cultura cubana intentaba estar a la altura de su historia. Ahora resulta que el acontecimiento del verano es un espectáculo que suena más a nombre de fiesta universitaria después de tres botellas de ron barato en la cafetería El Recodo. Y encima nos dicen que es la “sensación musical del momento”. ¿Del momento de quién? ¿Del momento en que se fue la corriente y alguien encendió el Bluetooth?
Lo verdaderamente hermoso es la solemnidad con que el aparato cultural presenta semejante acontecimiento. No estamos hablando de una actividad cualquiera en un parque municipal. Estamos hablando del Sauto, la Atenas de Cuba y toda la parafernalia de una institución que debería cuidar, al menos, un poquito la dignidad cultural de Matanzas.
«De esta salen corriendo los restos de Carilda Oliver y se instalan -mínimo- en Cape Coral», me dice un amigo de Santa Marta. Demasiado chancleterismo. Y lo más lindo: ese día habrá una «matasón» de gente, como si viniera a tocar Adele; y lo ladrones de paneles solares se activarán para pagar la entrada y disfrutar de su ídolo. País de mierda se llama esto, culaquier otro nombrte se queda chiquito.
Es curioso ver a un subdirector provincial de Cultura anunciando el concierto como un “evento muy esperado” por la juventud. Imagino la reunión donde aprobaron el texto: alguien dijo “muchachos, tenemos que salvar el verano” y otro respondió “traigan a Mamá Estoy Brillando”. Se acabó la reunión.
Lo más curioso es que Cuba atraviesa una crisis que ya parece escrita por un guionista borracho. Falta comida, falta combustible, faltan medicinas y sobra propaganda. Los apagones son parte del paisaje nacional, las familias hacen malabares para sobrevivir y las instituciones culturales, en vez de asumir la tragedia con un mínimo de seriedad, salen a vender como gran acontecimiento una presentación que parece sacada del cartel de una fiesta de barrio. Si este es el nivel de entusiasmo oficial ante el desastre, no quiero imaginar qué consideran una emergencia cultural.
Si esto no es el final de la dictadura, debemos prepararnos para 62 mil milenios más. La revolución empezó prometiendo convertir a Cuba en una potencia cultural y terminamos celebrando que “Mamá Estoy Brillando” llega por primera vez a la Atenas de Cuba.
El próximo paso será colocar una tarja en el Sauto: “Aquí, en agosto de 2026, ocurrió un espectáculo sin precedentes”. Y dentro de cien años, algún arqueólogo encontrará la noticia y pensará que se trataba de una civilización desaparecida.
No se habrá equivocado tanto.






