La otra pelea de Andrés Aldama: una familia olímpica atrapada en el abandono

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Por Anette Espinosa

Matanzas.- La familia del excampeón olímpico cubano Andrés Aldama atraviesa una situación de precariedad que contrasta con la gloria deportiva que alguna vez representó para Cuba, denunció en las redes la profesora Alina Bárbara López Hérnández, con el consentimiento de Sonia Díaz, la esposa de Aldama.

Andrés conquistó la medalla de plata en los Juegos de Montreal 1976, en la división superligera, y cuatro años después alcanzó el oro en Moscú, en la categoría wélter. Hoy, según cuenta su esposa, el matrimonio vive en un apartamento del reparto Armando Mestre, en Matanzas, afectado por graves problemas constructivos y filtraciones.

Díaz asegura que una brigada de albañilería autorizada por el INDER provincial comenzó las reparaciones de la vivienda hace varios meses, aunque los trabajos quedaron inconclusos. La explicación recibida por la familia habría sido la falta de presupuesto para continuar las labores.

Desde entonces, el apartamento permanece con los problemas sin resolver y la familia sigue esperando una respuesta de las autoridades, pese a haber acudido a las instituciones correspondientes.

A las dificultades de la vivienda se suma una emergencia familiar. El hijo de Aldama necesita de forma permanente olanzapina para tratar una enfermedad psiquiátrica diagnosticada desde la adolescencia, según el testimonio de su madre, quien afirma que el medicamento no está disponible en las farmacias y que el joven permanece sin tratamiento.

La situación se agrava con el estado de salud del propio Aldama, quien, según su esposa, padece demencia y diabetes, en un hogar que también enfrenta dificultades para conseguir alimentos.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una de las contradicciones más dolorosas de la Cuba actual: atletas que un día fueron utilizados para exhibir triunfos nacionales terminan enfrentando necesidades básicas sin una respuesta efectiva del Estado.

Aldama dejó su nombre en la historia olímpica cubana con dos medallas, una de ellas de oro; su familia libra ahora una pelea mucho menos simbólica: conseguir una vivienda habitable, medicamentos y alimentos.

El abandono de una familia en estas condiciones refleja el fracaso de un sistema que exige sacrificios permanentes a sus ciudadanos, incluso a quienes alguna vez llevaron el nombre de Cuba hasta lo más alto del deporte mundial.

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