MIS ERRORES INICIALES

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Por Esteban Fernández Roig Jr. ()
Miami.- Lo primero que hice al llegar a California fue ir a Office Depot y Mercedes y Joaquin Bin me compraron 250 hojas de papel.
Redacté un escrito llamado «Los ancianos cubanos son los verdaderos héroes». Le hice copias y las repartí en los comercios cubanos.
De ahí salté a escribir una columna fija en la Prensa de Los Ángeles y en el Semanario 20 de Mayo titulada “La Nota Breve”. Y comenzaron a leerme un reducido grupo de compatriotas entre ellos Humberto Herrante y Ruben Izquierdo quienes siguen leyéndome.
Desconocedor por completo de la idiosincrasia cubana, inicialmente metía la pata y era agresivo con los lectores.
Como recién llegaba de intentar participar en la guerra contra el castrismo, me creí con el derecho de regañar y en lugar de ser amable con los lectores los retaba a luchar beligerantemente por la liberación de Cuba.
Las respuestas colectivas de mis retados lectores fueron: “Vete a la basura, vete al diablo, yo hago lo que me dé la gana”. Y aprendí la lección y cambié “el palo pa’rumba”…
Entonces, a cuenta gotas, a los cubanos residentes en California comenzaron a gustarles mis humildes ensayos y al encontrarse conmigo en la calle -o en cartas- coincidían en decirme : “¡Te la comiste Estebita!”.
Y… de inmediato fue subiéndose mi Ego, cometo uno de los pecados capitales, hasta que -con solo 20 y pico de años- me creí ser un tremendo escritor.
Pero, de pronto comprendí mi error garrafal y me dije: “Chico, deja la bobería, escribir una columna en un periódico no te hace ser la última Coca Cola en el desierto”.
Vaya, y en la actualidad me siento muy tranquilo sabiendo que sólo soy la única “Materva” bien fría en el Valle del Ayabimbo.

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