
Que nunca más nuestras madres mueran en soledad
Por René Fidel González ()
Santiago de Cuba.- Tenemos que recuperar nuestros derechos y libertades, nuestra plenitud política, para que nunca más nuestras madres mueran en soledad y tristeza clamando por sus hijos presos, ausentes, perseguidos.
Dijeron que se llamaba Zoila, que se llamaba Bertha, que se llamaba Esther o simplemente Chucha.
Tenemos que volver a merecernos el respeto para que nuestras madres no mueran con hambre, sin medicinas, con las uñas llenas del hollín del carbón y el alma herida de mentiras.
Dijeron que se llamaba María, Isabel, Juana o simplemente Rita.
Tenemos que acabar con los bribones que han hecho del desdén a su felicidad sencilla, del agravio a su decoro y de la inmersión de sus vidas en la mezquindad y el desprecio , cada decisión que dicen pública o que ni se atreven a confesar.
Fue de ellas de quien aprendimos el valor, la bondad y la perseverancia, y la importancia de la memoria, de los sueños y la gratitud.
Nuestras madres son la patria auténtica, cada una de ellas ; estemos en el lugar que estemos, la tengamos o no cerca, están presentes. Las madres nunca se van de nosotros.
Hoy, mañana o pasado mañana, cuando la veas hundida en la miseria a la que la condenan, frágil, caminando por nuestras calles, sentada -s- en las aceras de los bancos y los cajeros, en los cuerpos de guardia y las farmacias, hurgando en su cartera y en el alma, con la mirada acuosa y lejana, ausente, no pienses que cada lágrima suya o su silencio son anónimos.
Se llama Cuba.






