
LOS BUNGOS, EL FIN DE UNA HISTORIA
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Por Arnoldo Fernández
La Habana.- Una parte de mi vida se fue en una de estas escuelas llamadas en mi pueblo, Bungos, puede ser el 1, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11; lo cierto es que duele ver en lo que se han convertido.
En la segunda década del siglo XXI, las declararon una carga económica insostenible y se procedió a la migración por decreto de sus alumnos y profesores a la ciudad. Los trabajadores de servicio quedaron desempleados o reubicados en otras plazas que nunca ocuparon.
Ellas quedaron allí, mudos testigos de un tiempo donde se nos dijo que seríamos el hombre nuevo, que conquistaríamos el porvenir. Nadie las cuidó y empezó el pillaje de todo lo que podía ser útil. La patente de corzo nadie la firmó, pero fue dada por todos y por nadie.


Para los que trabajaron en ellas, treinta o cuarenta años de sus vidas quedó dentro de estas paredes, algunos se jubilaron, otros pasaron a la eternidad dejando lo mejor de ellos aquí, algunos, muy pocos, sobreviven hoy en las escuelas del pueblo, como protagonistas de un tiempo, quizás hermoso, quizás no tan hermoso.



















