El periodismo con los ojos en la nuca

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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- Los periodistas autorizados a entrevistar a funcionarios cubanos son escogidos previamente y, en su mayoría, son apologistas del régimen de La Habana. Hacen preguntas cómodas, reciben respuestas cuidadosamente elaboradas y no tienen derecho a replicarlas. Aun sabiendo esto, muchos salen de Cuba con una opinión distorsionada de la realidad.

Pero lo verdaderamente absurdo de este comportamiento es que algunos van por el mundo con los ojos en la nuca, dando por ciertos todos los argumentos de la dictadura. Es como si alguien sacara un vaso de agua del mar y, al no encontrar una ballena dentro, afirmara que las ballenas no existen.

Los funcionarios cubanos mienten, y lo hacen constantemente. Mienten cuando dicen que en Cuba no se encarcela a nadie por sus opiniones; cuando afirman que no existen presos políticos; cuando aseguran que en la isla hay democracia; y hasta cuando pretenden responsabilizar al embargo estadounidense de toda la mala gestión gubernamental.

El fin de la objetividad

Lo más lamentable es que algunos periodistas prefieren esconder esa realidad en detrimento de un pueblo que sufre, con tal de ofrecer una imagen positiva de una dictadura. En mi opinión, cuando un periodista actúa de esa manera deja de ejercer el periodismo para convertirse en activista político, apologista y, en definitiva, enemigo de la verdad.

Hoy, desgraciadamente, una parte del periodismo parece haber sustituido la objetividad por la militancia. Ya sea desde la derecha o desde la izquierda, muchos periodistas terminan mirando la realidad a través del prisma de su ideología, en lugar de intentar verla con la mayor objetividad posible.

Por eso sigo creyendo en el periodismo que no responde a intereses ideológicos; en ese profesional que, sin importar las consecuencias, tenga el valor de decir la verdad aunque esa verdad incomode a sus propios lectores, a sus aliados o a quienes ejercen el poder.

Yo no soy periodista. Soy simplemente alguien que escribe lo que piensa y que procura apoyar sus escritos en aquello que considero verdadero.

Y si mi verdad incomoda a los justos o a los tiranos, tendrán que disculparme: porque la verdad no necesita permiso para existir.

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