
La verdadera salida no llegará en un avión de carga
Por Yanetsy Pino ()
Atlanta.- Un cargamento de 700 módulos de alimentos e higiene llegó a la Diócesis de la Iglesia Católica en Ciego de Ávila.
La ayuda, financiada por la administración de EE. UU. como parte de un fondo global de 100 millones de dólares, será entregada por voluntarios de Cáritas directamente a ancianos, embarazadas, niños y personas con discapacidad en la parroquia de Gaspar.
Agradecer este gesto es un deber moral elemental. Toda ayuda que alivie el plato de comida de un anciano o garantice la higiene de un niño en Ciego de Ávila cuenta, consuela y salva. El esfuerzo de Cáritas y la solidaridad internacional merecen un reconocimiento sincero y total.
Sin embargo, la realidad nos exige mirar más allá del alivio inmediato, sobre todo porque ya he leído comentarios de cubanos que piensan que cien millones van a resolver todos sus problemas.
Ninguna donación, por millonaria que sea, puede resolver la profunda e irreversible crisis estructural que atraviesa Cuba. Las ayudas humanitarias son tiritas sobre una herida abierta; ofrecen un respiro temporal a familias desprotegidas, pero no detienen el colapso de un sistema incapaz de garantizar por sí mismo los derechos básicos de su gente.
Aceptar la caridad no puede convertirse en nuestro destino ni en una solución permanente. La dignidad de un pueblo no se sostiene sobre el asistencialismo externo, sino sobre la libertad y la capacidad de producir, prosperar y construir un futuro sin depender de un módulo de alimentos.
Siempre recuerden esto: la verdadera salida no llegará en un avión de carga, sino que surgirá de la transformación profunda y estructural que Cuba necesita. Y la necesita con urgencia.



















