He estado pensando en… la bendición de la persecución

Escuchar este artículo
Audio en proceso de generación.

Por Padre Alberto Reyes (Especial para El Vigía de Cuba)

Esmeralda, Camagüey.- Dice la Biblia, el libro más sabio de cuantos se han escrito, que Dios ciega al soberbio.

Y las dictaduras, en su soberbia ilimitada, se vuelven ciegas, no para ver el sufrimiento que provocan, ni para comprender cuánto son rechazadas y odiadas, sino para comprender que el tiempo se les acaba, que lo que antes fue una presa inerme no sólo va encontrando vías para liberarse sino para crecerse y enfrentarse al que la ha tenido subyugada.

Las dictaduras se vuelven ciegas para comprender que, cuando un pueblo ha decidido luchar por su libertad, toda persecución se vuelve contra el agresor, y termina convirtiendo al pueblo en una ola irrefrenable.

Me duele el sufrimiento psicológico de Anna Bensi y de su madre, pero cuando miro todo lo que su persecución está provocando, no puedo dejar de alegrarme por los frutos que está dando.

El fruto de ver con claridad cómo somos prisioneros de un Estado totalitario, donde el individuo sólo vale si se somete, si sirve con docilidad al poder, si acepta ser un esclavo, y cómo, cuando este individuo decide existir con voz propia, no se escatiman medios para excluirlo, para castigarlo, para sacarlo de escena.

Los frutos

El fruto de un pueblo que empieza a perder el miedo a ser solidario públicamente y a dar la cara, poniéndose al lado del que es injustamente agredido.

El fruto de la unidad de las iglesias, todos a una, pasando por encima de viejas diferencias que durantetantos momentos nos han desviado de lo esencial: la fe en Jesucristo, el seguimiento de aquel que es “Camino, Verdad y Vida”.

El fruto de la recuperación de la función profética de las iglesias, llamadas a proclamar “desde las azoteas”la justicia y la verdad. El fruto del paso de la “prudencia calculada” a la libertad del Espíritu.

El fruto del miedo que retrocede, y que hace que cada vez más este pueblo exprese libremente su derecho a una vida digna, sin miedos, sin cadenas, sin represores.

Y el fruto de una sana rabia, porque Anna Bensi y su madre han hecho algo más que decir en voz alta lo que todos pensamos: se han convertido en símbolo, y en un símbolo que hemos aprendido a amar. Por eso, no sentimos que simplemente se está agrediendo a dos mujeres desconocidas. Se está agrediendo a quienes nos han hablado al corazón, se está agrediendo a aquellas que hoy simboliza la libertad, la justicia, la decencia, la determinación. Y eso produce rabia, mucha rabia contra el agresor, y eso hace que muchos corazones tibios digan: “¡Hasta aquí!”.

Y yo espero que también se esté produciendo un fruto más, el fruto de la voz de la conciencia en la mente de los represores, el fruto de comprender que están sirviendo al mal, que están apoyando al que oprime, el fruto de sentir asco hacia uno mismo, que es, muchas veces, el primer paso para unirse alos que ya han descubierto el sabor de la libertad.

Comparte esta noticia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *