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Por Yeison Derulo

Guantánamo.- El periódico Venceremos acaba de descubrir una nueva maravilla de la ingeniería socialista: alargar el tiempo y venderlo como eficiencia. Antes un niño recibía un litro de leche cada tres días; ahora lo recibirá cada cuatro.

No, no es matemática revolucionaria ni una tesis de física cuántica escrita por algún cuadro del Partido. Es simplemente otra forma elegante de anunciar que el país está fundido de arriba abajo y que ya ni las vacas pueden seguirle el ritmo al apagón nacional.

La nota intenta sonar técnica, seria, incluso esperanzadora. Hablan de “reorganización logística”, “acopio” y “ciclos de distribución”, toda una explicación desesperada de un régiemn que tiene que mover leche en triciclos porque no hay combustible.

Uno lee aquello y se imagina a los funcionarios reuniéndose solemnemente para decidir cómo hacer magia con cuatro gotas de leche y dos litros de gasolina imaginaria. Lo más triste es que ya ni esconden la precariedad: la exhiben como si fuera una epopeya administrativa.

El coordinador, un tal Omar Estrada Soto, explica que los 1 300 litros que antes iban desde El Salvador y Manuel Tames ahora se quedarán en esos municipios. Traducido al idioma cubano de la calle: “no alcanzó para todos y hubo que picar la miseria en más pedazos”. Pero el texto de Venceremos lo vende casi como una conquista social. Falta solamente que entreguen diplomas a los padres por resistir cuatro días esperando la leche del niño bajo cuarenta grados y con 20 horas de apagón.

Lo verdaderamente asombroso es la naturalidad con la que el oficialismo narra el derrumbe. En cualquier país serio, anunciar que la leche infantil llegará con más retraso por falta de electricidad y combustible sería un escándalo nacional. Aquí no. Aquí te lo redactan con tono épico y el pueblo tiene que agradecer el sacrificio titánico de transportar leche en triciclo por una provincia colapsada. El desastre dejó de ser noticia para convertirse en método de gobierno.

Claro, el funcionario remata diciendo que “la medida es temporal”. En Cuba, esa palabra lleva más años instalada que muchos ministros. Temporal fue la libreta, temporal fueron los apagones de los noventa y temporal ha sido la miseria durante más de seis décadas.

La diferencia es que antes al menos maquillaban mejor la tragedia. Ahora ya ni eso. Ahora te anuncian que la leche demora más y pretenden que uno aplauda la heroicidad del triciclo revolucionario atravesando Guantánamo como si fuera el último bastión de la dignidad nacional.

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