
NO es mala ejecución, es su esencia
Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvergencia.org)
Pinar del Río.- El marxismo, el socialismo, el comunismo, tal como lo hemos conocido en la práctica, es un desastre, un fracaso. Va contra la naturaleza humana y contra los valores fundacionales y la matriz de inspiración cristiana de nuestra cultura y nacionalidad.
No ha sido un fracaso porque ha sido mal aplicado sino porque, en su esencia, intenta organizar la sociedad, por lo menos, sobre seis factores que van contra la dignidad humana, la convivencia pacífica y la libre búsqueda del bien común:
1. Va contra la naturaleza humana, porque va contra la libertad que es inherente de toda persona. Hace de los seres humanos un instrumento al servicio del Estado.
2. Va contra el carácter emprendedor y los anhelos de progreso y desarrollo de todo ser humano, instaurando un engendro que llama economía estatalizada y centralizada, que ha sido ineficiente y empobrecedora, que no ha funcionado.
3. Va contra la sociedad, porque intenta basar las relaciones humanas sobre la lucha de clases, busca eliminar al oponente, promueve el odio y la exclusión al que piensa y actúa diferente, fomenta la delación entre vecinos y compañeros de estudio o de trabajo. Usa la represión para aplastar toda discrepancia. Va contra la amistad cívica y la paz social, porque no puede haber paz sin justicia y sin libertad.
4. Va contra la vida en la verdad y contra la virtud, porque instaura la vida en la mentira, la simulación y la doble moral. Fomenta la pérdida de valores morales y destruye las virtudes cívicas, cayendo en un relativismo moral en el que “vale todo” con tal de alcanzar sus fines.
5. Impone la ideología socialista como única e irrevocable, como precepto constitucional inviolable, como “dogma de fe” y como único modo de vida, como si fuera una “religión secular” en una especie de “teocracia” o “ideocracia”: una sola ideología impuesta por la fuerza del poder.
6. Va contra la espiritualidad, la fe en Dios y la religión, porque deseca el alma con un materialismo llamado “histórico” y considerado “dialéctico”, que ha sido negado por la misma historia y por la verdadera dialéctica. Inculca un ateísmo militante, persigue a la religión y va contra toda apertura del ser humano a su propia trascendencia y a la libre búsqueda del Trascendente Dios.
Esta crítica no es solo teórica, sino que ha sido la experiencia de vida de muchos pueblos, y también de nosotros los cubanos durante estos últimos 67 años. Esta crítica no va contra las personas que han “creído” en esta ideología con buena voluntad, es un llamado de alerta frente a lo que puede volver disfrazado de “nueva versión”, de “nuevo experimento”, de otro “ahora sí vamos a construir el socialismo”, de una “mejor ejecución” evitando “los errores y tendencias negativas” del experimento anterior que tuvo más de seis décadas para rectificarlos, pero que no pudo, porque no quiso y porque no puede, porque no se puede cambiar la esencia del sistema que es por naturaleza irreformable.
Propuestas
Dicho lo anterior, no podemos quedarnos en el lamento y la queja infértil. Cuba tiene en sus raíces fundacionales, en el alma de la nación y en las enseñanzas de sus patricios, especialmente del Padre Varela y de José Martí, todos los fundamentos filosóficos y antropológicos, políticos, cívicos y económicos, que necesitamos para reconstruir nuestra Patria y sanar el daño antropológico causado por el totalitarismo comunista.
Hoy quisiera centrarme en los cimientos humanistas del Apóstol de Cuba con las siguientes propuestas que hago en mi tesis doctoral, y que responden a cada una de los daños anteriormente relacionados:
1. Ante la despersonalización inducida y el colectivismo masificador en Cuba, que lesionan o debilitan sus facultades: cognitiva, emocional y volitiva, así como sus dimensiones ética, social y espiritual, consideramos que pueda servir de inspiración: la primacía, la dignidad y el desarrollo integral de la persona humana, primer eje y fundamento del humanismo martiano. Lo que podemos resumir en el muy conocido y ya citado pensamiento de Martí de que «la ley primera de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre», que no es un postulado aislado, sino la esencia y el pivote central de toda su antropología.
2. Ante la vida en la mentira, la doblez, la crisis de valores y virtudes, la ausencia de una eticidad que aporte coherencia a la vida, que han sido consecuencia de la opresión y el intento de simulación y reescritura de la historia, puede servir de inspiración y base, el segundo eje del humanismo del Apóstol que es el edificio de la eticidad martiana cuyas columnas son los principios, los valores y las virtudes, especialmente: el amor, la dignidad, la libertad, la justicia, la verdad, la bondad, la belleza, el perdón, la paz y la felicidad.
3. Ante la lucha de clases implantada como forma de vida de la nación, la exclusión del diferente, la criminalización de la discrepancia, y la depauperación extrema del país, sumergiéndolo en unas condiciones infrahumanas de vida, pudiera servir de inspiración y base la búsqueda del bien común que podemos resumir en aquella «fórmula del amor triunfante: con todos y para el bien de todos». Tampoco esto es un postulado aislado de Martí, sino que, precisamente propone inscribirlo en los emblemas nacionales porque es el tercer gran pivote de su antropología.
4. Ante el materialismo reductivo de la condición humana, el ateísmo y la superstición que asfixia, esteriliza y seca al cubano y a la nación, sumiéndolos en una inmanencia infértil, puede servir de inspiración y base el cuarto eje del humanismo martiano: la dimensión trascendente de la persona humana, el cultivo de su espiritualidad, de su fe, de su religiosidad de inspiración cristiana. Esta dimensión airea, fecunda y eleva los otros tres ejes del proyecto antropológico martiano, dando cohesión e integración holística a todas las facultades y dimensiones de la persona del cubano.
5. En resumen, que ante el fracaso de una filosofía marxista leninista con perfiles caribeños propios, léase más “voluntarista” y pragmática, acomodaticia y por su aplicación totalitaria en un sistema articulado, con una doctrina impuesta con todo el poder del Estado y una “ideología” justificadora convertida en “religión secular” proponemos, como iluminación y motivación, los fundamentos filosóficos antropológicos de Martí.
En efecto, proponemos este proyecto humanista de José Martí para que sirva de inspiración y base para los procesos de conversión y sanación antropológica, especialmente orientando los proyectos educativos que contribuyan a
promover un desarrollo humano integral, una ecología humana para el bien de todos, que conduzcan a la nación cubana a una verdadera democracia de calidad.
Cuba tiene todo lo que necesita para reconstruir la nación y sanar su alma sin recurrir, nunca más, a ideologías y sistemas extraños a nuestra cultura e identidad.






