
Fernández de Cossío insiste en legitimidad de expropiaciones y exige compensaciones para Cuba
Por Yeison Derulo
La Habana.- Carlos Fernández de Cossío salió una vez más a defender uno de los capítulos más polémicos del castrismo: las nacionalizaciones forzosas de propiedades extranjeras en los años 60. Según el vicecanciller cubano, aquellas confiscaciones fueron “legítimas”, ajustadas a la Constitución y al Derecho Internacional.
Lo curioso es que en Cuba la palabra legalidad siempre ha sido bastante flexible: sirve para justificar cualquier medida del régimen, siempre y cuando fortalezca su control absoluto sobre la economía y la vida nacional.
En su publicación, el funcionario aseguró que varios países como Canadá, España, Francia y Reino Unido sí aceptaron negociar compensaciones con La Habana, lo cual le permite al gobierno vender la narrativa de que el problema histórico recae únicamente sobre Estados Unidos. Es la versión cómoda del relato.
Lo que Fernández de Cossío omite es que aquellas nacionalizaciones marcaron el inicio de un modelo económico centralizado que terminó destruyendo productividad, expulsando inversión y convirtiendo a Cuba en una economía dependiente y crónicamente ineficiente.
Para el diplomático, Washington rechazó negociar porque ya preparaba acciones contra el naciente gobierno revolucionario. Puede haber una verdad mínima en ese argumento histórico, pero seis décadas después el régimen sigue utilizando el conflicto con Estados Unidos como comodín narrativo para justificar cualquier desastre interno. No importa si falta comida, si colapsa el sistema eléctrico o si no aparece una aspirina: la culpa siempre parece venir del norte y jamás de una dirigencia incapaz de generar prosperidad.
La Habana insiste en que Estados Unidos debe compensar a Cuba por daños económicos derivados del embargo y otras políticas hostiles. El problema es que mientras exige reparación histórica, la propia dictadura jamás ha rendido cuentas por el daño causado a varias generaciones de cubanos: salarios pulverizados, éxodo masivo, represión política, presos por disentir y una infraestructura nacional en estado terminal. Esa factura interna no aparece en los discursos oficiales.
Fernández de Cossío concluyó reiterando la disposición cubana a dialogar sobre compensaciones mutuas. Suena razonable sobre el papel. Lo difícil es tomar en serio un llamado al diálogo de un sistema que durante décadas ha convertido cualquier conversación incómoda en propaganda y cualquier crítica interna en traición.
Hablar de justicia histórica mientras se niegan libertades básicas dentro del país tiene algo de ironía amarga. En Cuba, la memoria oficial siempre parece escrita con tinta selectiva.






