
Turismo a oscuras: la nueva reinvención de un régimen que ya no sabe qué vender
Por Jorge Sotero
La Habana.- Hay que reconocer que el régimen cubano tiene una capacidad infinita para reinventar las palabras. Mientras los hoteles están más vacíos que una bodega después de repartir el arroz normado, el viceministro primero de Turismo, Jorge Alberto García Domínguez, asegura desde Moscú que Cuba se está «reinventando».
La frase suena bonita. Inspiradora incluso. El problema es que los turistas no comen discursos ni reservan habitaciones por optimismo revolucionario. La realidad es que el turismo cubano atraviesa una de las peores crisis de su historia y ya ni los propios funcionarios pueden esconderlo detrás de las estadísticas maquilladas.
Según el funcionario, la culpa de todo la tiene el «bloqueo energético» de Estados Unidos. Curioso. Porque cuando los hoteles se quedan sin electricidad, cuando los visitantes tienen que soportar apagones, cuando falta combustible para mover una guagua o cuando los aeropuertos enfrentan dificultades operativas, siempre aparece el mismo culpable a más de 150 kilómetros de distancia. Nunca es la ineficiencia de un sistema que lleva más de seis décadas administrando la pobreza como si fuera una política de Estado.
Lo más llamativo es escuchar que ahora la estrategia consiste en apostar por mercados cercanos de América Latina y el Caribe debido a la falta de combustible para vuelos de larga distancia. Traducido al español de la calle: ya ni siquiera pueden garantizar las condiciones mínimas para sostener rutas que antes consideraban prioritarias.
Rusia, que hace apenas unos años era presentada como la salvación del turismo nacional, ahora queda a la espera de que Cuba resuelva sus propios problemas energéticos. Dicho de otra manera: ni los amigos del Kremlin encuentran suficiente gasolina para aterrizar el milagro.
Mientras tanto, la delegación cubana participa en ferias internacionales prometiendo «nuevos modelos de negocio», «nuevas bondades» y «mejores atractivos». Uno quisiera saber cuáles son exactamente esos atractivos. ¿Los apagones de doce horas? ¿La escasez de alimentos? ¿Las carreteras destruidas? ¿O quizás el privilegio de pagar una fortuna por hospedarse en hoteles donde muchas veces faltan productos básicos? La propaganda oficial sigue vendiendo una isla paradisíaca mientras millones de cubanos hacen malabares diarios para sobrevivir.
Lo más gracioso de toda esta historia es que el propio régimen ha terminado abrazando al sector privado, ese mismo que durante años fue señalado como sospechoso, egoísta o contrario a los principios revolucionarios.
Ahora resulta que los emprendedores son parte de la solución para salvar el turismo. Al final, después de décadas prometiendo que el socialismo resolvería todos los problemas, terminan recurriendo a aquello que tanto criticaron. Y aun así insisten en decir que se están reinventando. No. Reinventarse sería reconocer los errores. Lo que están haciendo es sobrevivir, que no es exactamente lo mismo.






