
Al menos tres personas quedan atrapadas tras el derrumbe de una antigua escuela en Remedios
Por Anette Espinosa
Remedios.- Otro derrumbe. Otra tragedia. Otra escena que retrata el estado de abandono en el que se encuentra Cuba. Esta vez ocurrió en la antigua Esbec La Uno, en el municipio de Remedios, Villa Clara, donde el colapso parcial de una estructura dejó al menos a tres personas atrapadas bajo los escombros.
Cada edificio que se viene abajo cuenta una historia distinta, aunque todas terminan señalando al mismo responsable: un régimen incapaz de preservar la infraestructura de un país que se desmorona a la vista de todos. Durante décadas prometieron escuelas, hospitales y desarrollo. Hoy quedan ruinas que representan el fracaso de ese modelo.
Las autoridades informaron que los rescatistas lograron establecer comunicación con una de las personas atrapadas y le suministraron agua. También desplegaron un grupo electrógeno para mantener la iluminación durante la noche, con la participación del Ministerio del Interior, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja y unidades de las Fuerzas Armadas. Ojalá el desenlace sea favorable para quienes permanecen bajo los escombros.
El problema va mucho más allá del operativo de rescate. La pregunta inevitable apunta al origen de esta desgracia. ¿Cuántas edificaciones abandonadas existen en las mismas condiciones? ¿Cuántas advertencias fueron ignoradas? En Cuba, la improvisación suele aparecer únicamente después del desastre.
El sistema de salud permanece activado para recibir a los posibles lesionados. Esa respuesta resulta necesaria y merece reconocimiento para el personal que arriesga su vida en medio de la emergencia. Sin embargo, ninguna operación puede ocultar el deterioro acumulado durante años. Un país no se reconstruye con comunicados oficiales ni con despliegues de última hora.
La imagen de una antigua escuela convertida en un montón de escombros resume el presente de la isla. Donde antes debía existir un espacio para formar generaciones, hoy solo quedan polvo, concreto roto y familias pendientes de un milagro. Ese paisaje no es fruto del azar. Es la consecuencia de una administración que permitió que Cuba llegara al punto en el que hasta sus edificios terminan rindiéndose.






