
Más maricón que un domingo por la tarde
Por Carlos Alberto Sosa Fuentes ()
Miami.- Hay frases que se quedan viviendo en uno. En Máscaras, una novela de Leonardo Padura que particularmente me encanta, aparece esta: «Ese tipo es más maricón que un domingo por la tarde». Una frase irreverente, provocadora, muy a lo Padura, pero que me hizo pensar en esa extraña condición de los domingos, sobre todo cuando llega la tarde.
Porque los domingos por la tarde tienen algo que no sé explicar del todo. La mañana todavía conserva cierta ligereza: el café, la calma, el tiempo sin prisa. Pero después del almuerzo algo cambia. La tarde se vuelve lenta, silenciosa, casi sospechosa. Empieza a sentirse el lunes acercándose y, con él, todo aquello que durante la semana mantenemos ocupado para no pensar demasiado.
Quizás por eso los domingos son tan «maricones»: porque nos ponen frente a nosotros mismos. Nos recuerdan a los que están lejos, a los que ya no están, a lo que dejamos atrás, a los años que pasan y a esa inevitable sensación de que el descanso también puede tener su propia tristeza. Y mientras cae la tarde, uno entiende que hay nostalgias que solamente saben llegar los domingos.



















