Del Estado poderoso a la burocracia mediocre: la gran regresión

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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- No se puede disolver un tipo de Estado, el ecosistema de sus instituciones, la complejidad de sus funciones, relaciones, distintas interacciones y alcances; devaluando y desarticulando sistemáticamente su vitalidad y en definitiva, las características que lo hacían poderoso, y esperar que lo que quede, podrá gestionar con éxito el rol que cumplía y las expectativas que satisfacía en la sociedad.

No se puede descarrilar unos procesos y las relaciones sociales sin atomizar, devaluar y finalmente acorralar y cancelar la reproducción de los valores y las prácticas sociales que les eran afines y correspondientes.

Un Estado poderoso y una burocracia política poderosa y mediocre no son la misma cosa.

El primero es un instrumento diseñado y constantemente perfeccionado para producir con eficacia unos resultados y alcanzar unos fines para el desarrollo de una sociedad de acuerdo a unos tiempos y criterios de calidad; lo segundo es el resultado de un fracaso instaurado de forma insidiosa y profunda en la ideación y realización de lo democrático, del paulatino empobrecimiento de los paradigmas de una sociedad y de la perversión de sus instituciones y fines, de su propuesta de civilización.

Ningún evento natural tiene un valor catastrófico superior al de los procesos de decadencia que ocurren en una sociedad, a la disolución del poder y funciones del Estado y su expresión como grado de civilización alcanzado y proyección de lo aceptable y posible. Es absurdo creerlo.

El ciclón eterno

Es típico, sin embargo, dentro del estado de shock que intencionan distintos grupos y sectores en los procesos de transición de las relaciones sociales, económicas y políticas que se producen en la decadencia de una sociedad, que tales eventos suplanten la importancia de estos, que sirvan para enmascararlos y naturalizar sus consecuencias.

El problema en Cuba es político, y naturalmente de acción política.

No es inconcebible que grupos, clases y sectores de una sociedad puedan ser manipulados y sustancialmente incapacitados mediante distintas técnicas, tácticas – y lo abrumador de los impactos de distintos procesos de desintegración y retroceso de las estructuras y prácticas de civilización – para no comprender o no reaccionar frente a ellas; pero tampoco es inconcebible la lucidez.

El “ciclón” está ya hace mucho estacionado sobre nosotros, y seguirá. Es la causa fundamental de lo que nos ocurre y lo que nos impide e impedirá superarlo.

A nuestro dolor y anhelos, a nuestra indignación, por lo que no es ya, por lo que no puede ser, por lo que se ha convertido, por el desastre que parece destinado a seguir abriendo y ahondando para nosotros por conservar el poder, responderá con más desprecio, más miedo y más represión.

Es lógico que así lo hagan, el problema es político. Ellos mejor que muchos de nosotros, lo entienden.

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