
La inflación se dispara en Cuba y vuelve a desnudar el fracaso económico de la dictadura
Por Anette Espinosa
La Habana.- La crisis económica cubana sigue profundizándose y ya ni las estadísticas oficiales logran esconder el desastre. La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) informó que la inflación interanual alcanzó en junio el 18,27 %, más de dos puntos por encima del mes anterior, mientras que la inflación mensual escaló hasta el 2,82 %.
Detrás de esos números hay una realidad mucho más cruel: millones de cubanos enfrentan cada día precios imposibles de pagar, salarios pulverizados y un país donde sobrevivir se ha convertido en una batalla permanente.
Los mayores incrementos golpean precisamente donde más duele. Comer fuera de casa, trasladarse de un lugar a otro o simplemente comprar alimentos resulta cada vez más inaccesible para una población empobrecida por décadas de improvisación.
Restaurantes y hoteles registraron una inflación del 29,39 %, el transporte llegó al 23,94 %, los alimentos y bebidas no alcohólicas al 22,79 % y la educación superó el 21 %. Incluso, la vivienda continúa encareciéndose en medio de un país donde millones de familias apenas logran cubrir sus necesidades más básicas.
Sin embargo, la realidad podría ser todavía peor. Economistas independientes llevan meses advirtiendo que las cifras oficiales no reflejan el verdadero comportamiento de los precios porque dejan fuera buena parte del mercado informal y del creciente sector privado, donde la mayoría de los cubanos termina comprando lo que el Estado es incapaz de garantizar.
Es decir, mientras la dictadura intenta maquillar las estadísticas, el bolsillo del ciudadano sigue vaciándose a una velocidad mucho mayor que la reconocida oficialmente.
El régimen insiste en responsabilizar a las sanciones estadounidenses de todos los males, especialmente del bloqueo al suministro de combustible impuesto este año. No obstante, reducir la catástrofe económica a factores externos resulta cada vez más difícil de sostener.
La escasez de alimentos, medicamentos, electricidad y combustible es también el resultado de un modelo económico fracasado, incapaz de producir riqueza, atraer inversiones sostenibles o garantizar servicios básicos tras más de seis décadas de control absoluto sobre la economía nacional.
Las perspectivas tampoco ofrecen motivos para el optimismo. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) prevé que Cuba registre en 2026 la mayor contracción económica de toda la región, con una caída del 6,5 % del Producto Interno Bruto, que se suma al desplome acumulado de más del 15 % entre 2020 y 2025.
Mientras la propaganda oficial continúa prometiendo resistencia y victorias imaginarias, la isla sigue hundiéndose en una crisis histórica cuyo principal responsable no es otro que un sistema incapaz de ofrecer prosperidad, estabilidad ni esperanza a su propio pueblo.






